Latinoamérica y Argentina al borde de una crisis sanitaria evitable.

hace 1 hora - SALUD

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20 de Mayo, 2026-Vacunación infantil en caída libre-El continente que había logrado erradicar enfermedades como la poliomielitis y el sarampión enfrenta hoy su peor retroceso en décadas.


Más de 6,8 millones de niños y niñas en América Latina y el Caribe no recibieron ninguna dosis de vacunas esenciales, mientras que 48 millones están completamente desprotegidos. Argentina, que alguna vez fue un modelo regional, registra el desplome más la cobertura de la vacuna triple viral en niños de cinco años cayó del 90 por ciento al 46,7 por ciento en solo un año. Los brotes ya comenzaron y los expertos advierten que el tiempo para actuar se agota.

   La Organización Panamericana de la Salud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia han encendido todas las alarmas. Los datos son la cobertura de la vacuna DTP3, que protege contra difteria, tétanos y tos ferina, pasó del 90 por ciento en 2023 al 89 por ciento en 2024. El descenso parece pequeño en números absolutos, pero representa una reversión de años de progreso sostenido y afecta a millones de niños.

   En total, se estima que 6,8 millones de menores de un año en la región no recibieron ninguna vacuna, y 48 millones están en situación de "cero dosis", es decir, sin protección alguna contra enfermedades prevenibles. Siete países registran caídas superiores a los veinte puntos porcentuales en al menos una vacuna Bolivia, El Salvador, Ecuador, Honduras, Paraguay, Perú y Venezuela. La región, que alguna vez fue líder mundial en programas de inmunización, hoy mira con preocupación cómo se desmoronan décadas de esfuerzos.

   Pero si hay un caso que concentra todas las señales de alerta, ese es Argentina. El país austral, que históricamente mantuvo coberturas ejemplares cercanas al 95 por ciento necesario para lograr la inmunidad colectiva, ha sufrido un desplome inédito. Según datos de la Sociedad Argentina de Pediatría y del Ministerio de Salud, la vacuna triple viral —que previene sarampión, paperas y rubéola— alcanzó apenas un 46,7 por ciento de cobertura en niños de cinco años durante 2024, cuando su nivel histórico rondaba el 90 por ciento. La vacuna contra la poliomielitis, una enfermedad que no se registraba en el país desde hace cuatro décadas, cayó del 88 al 47 por ciento.

   La triple bacteriana, que protege contra difteria, tétanos y tos ferina, se desplomó del 88 al 46 por ciento. Y la vacuna contra el virus del papiloma humano, destinada a adolescentes, descendió del 82 al 55 por ciento en mujeres y al 51 por ciento en varones. En el norte del país, donde la fiebre amarilla es un riesgo endémico, la cobertura se redujo a la del 60,3 por ciento en 2022 a solo el 30,3 por ciento en 2024. Ninguna de las vacunas del calendario nacional alcanzó la meta del 95 por ciento, a pesar de que en Argentina todas son gratuitas, obligatorias y están disponibles en cualquier centro de salud público.

   Las consecuencias de esta crisis de inmunización ya no son una mera proyección estadística: son brotes activos con niños enfermos y muertes evitables. Entre 2024 y lo que va de 2025, Argentina confirmó treinta y cinco casos de sarampión, una enfermedad que el país había eliminado gracias a la vacunación masiva. La tos convulsa o coqueluche, otra infección respiratoria grave que puede ser mortal en lactantes, sumó quinientos dieciséis casos, y cinco niños fallecieron en la provincia de Buenos Aires. Al mismo tiempo, la tuberculosis aumentó un 65 por ciento en los últimos cinco años, alcanzando trece mil setecientos noventa y cuatro casos en 2024. La región también sufrió un golpe simbólico y epidemiológico: Canadá perdió su estatus de país libre de sarampión, y la Organización Panamericana de la Salud advirtió que América ya no puede considerarse una región libre de transmisión endémica de esta enfermedad.

   ¿Qué está pasando? Los especialistas señalan un cóctel peligroso de factores. El primero es el crecimiento de los movimientos antivacunas, que ganaron fuerza y visibilidad durante la pandemia de covid-19 y desde entonces no han dejado de expandir sus mensajes de desinformación. El segundo es la baja percepción de riesgo entre los padres jóvenes. Como explica la Sociedad Argentina de Pediatría, muchas madres y padres actuales no vivieron en carne propia las epidemias de polio, sarampión o rubéola que asolaron a generaciones anteriores precisamente porque las vacunas lograron erradicarlas o controlarlas. Esa ausencia de memoria colectiva genera una falsa sensación de seguridad y alimenta la duda sobre la necesidad de inmunizar. A ello se suman fallas en los sistemas de salud, que no realizan un seguimiento activo de los niños con esquemas incompletos, y una comunicación pública ineficaz que no logra contrarrestar la marea de bulos que circulan en redes sociales.

   Las advertencias de los expertos son cada vez más urgentes. La doctora Alejandra Gaiano, prosecretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría, sostiene que "estamos ante un escenario de fragilidad inmunológica colectiva. Las cifras actuales no solo comprometen la inmunidad individual, sino que ponen en riesgo la salud pública en su conjunto". Por su parte, la infectóloga Elizabeth Bogdanowicz alerta que "las coberturas inferiores al setenta por ciento ya no son excepcionales, sino habituales. Hay que actuar antes de que el sarampión reaparezca en nuestro país con consecuencias graves". Ambas coinciden en que la solución no es solo técnica sino también se necesita una búsqueda activa de niños con esquemas incompletos, estrategias de vacunación en las escuelas, capacitación continua del personal de salud y campañas masivas contra la desinformación.

   Si no se toman medidas urgentes, el panorama es aterrador. Argentina podría perder en pocos años el estatus de país libre de poliomielitis, algo que costó cuatro décadas de esfuerzo sostenido. Los brotes de sarampión y rubéola podrían volverse masivos, y la mortalidad infantil por enfermedades prevenibles aumentaría de manera inevitable. América Latina en su conjunto corre el riesgo de retroceder medio siglo en salud pública, justo cuando el mundo celebraba haber derrotado algunas de las infecciones más letales de la infancia. Las vacunas están disponibles, son gratuitas y salvan vidas. El problema no es la falta de recursos, sino la falta de voluntad colectiva y de información confiable. La historia ha demostrado que cuando las coberturas caen, las enfermedades regresan. Y ya lo están haciendo.

Fuente: diarionorte.com


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