hace 2 horas - DEPORTES
Tiempo de lectura: 1 minuto, 41 segundos24 de Abril, 2026-Nuevas audiencias buscan nuevos relatos-El fútbol argentino, entre la Justicia, los streamers y un poder que se desdibuja.
La conducción de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) enfrenta al mismo tiempo una avanzada judicial, una guerra abierta con los streamers y un creciente desgaste en su capacidad para controlar el relato.
El síntoma más visible del nuevo mapa del poder fue la negativa del popular creador digital Davoo Xeneize a entrevistar al presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia. Lo que en otro tiempo hubiera sido un gesto sin mayor repercusión, hoy encendió todas las alarmas. El abogado Gregorio Dalbón salió a cruzarlo públicamente con veladas amenazas legales, dejando en claro que la dirigencia no está dispuesta a tolerar la independencia crítica de las nuevas voces.
Pero el verdadero terremoto para Tapia y su lugarteniente Pablo Toviggino ocurre en los tribunales. La Justicia avanza con una investigación por presuntas maniobras de evasión fiscal, retención indebida de aportes y lavado de activos. El monto bajo la lupa supera los 19.300 millones de pesos. El expediente detectó operaciones con empresas sin actividad real y facturación dudosa, un esquema que de confirmarse provocaría una crisis institucional sin precedentes.
El escándalo traspasó fronteras cuando Socios.com, la empresa vinculada a los fan tokens de la Selección, denunció irregularidades en el manejo de fondos. Su CEO, Alexandre Dreyfus, aseguró que millones de dólares invertidos nunca llegaron a destino, y elevó las sospechas de triangulación offshore a nivel internacional.
En este contexto, la ofensiva contra los streamers adquiere una dimensión estratégica. Casos como los de Gerónimo Benavides, Iván Buhajeruk, La Cobra o Coscu muestran un patrón: la AFA premia el alineamiento y castiga la crítica. Al mismo tiempo, la entidad lanzó su propia plataforma digital, LPF Play, para centralizar derechos, controlar la difusión y monetizar sin intermediarios.
El objetivo es recuperar el control total del negocio y del mensaje. Pero la presión también viene del gobierno de Javier Milei, que impulsa las Sociedades Anónimas Deportivas mientras la AFA defiende su modelo tradicional. El fútbol volvió a ser territorio de disputa política. Y la audiencia, ya no pasiva, decide a quién escuchar. La pregunta ya no es solo qué pasa en la cancha, sino quién maneja el juego afuera.
Fuente: diarionorte.com
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