Hoy sabemos que la vitamina D cumple funciones esenciales en el sistema inmunitario, el metabolismo, la salud cardiovascular y el desarrollo infantil. En paralelo, pediatras y expertos en salud pública advierten de un fenómeno preocupante: el déficit de vitamina D en niños con sobrepeso u obesidad se ha convertido en un problema global de dimensiones alarmantes, hasta el punto de que algunos lo describen ya como una nueva pandemia.
Los especialistas han observado una asociación con un mayor grado de inflamación crónica.PROBLEMA GLOBAL EN AUMENTOLa obesidad infantil es uno de los mayores retos sanitarios del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, el número de niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad se multiplicó por diez en los últimos cuarenta años. A esta realidad se suma otro dato menos visible, pero igualmente inquietante: una elevada proporción de estos niños presenta niveles insuficientes de vitamina D en sangre. Estudios realizados en Europa, América Latina, EEUU y Asia muestran cifras similares: entre el 40% y el 80% de los niños con obesidad tienen déficit o insuficiencia de vitamina D. Este fenómeno no se limita a países con poco sol incluso en regiones mediterráneas o tropicales, donde la radiación solar es abundante, los niveles bajos de esta vitamina son frecuentes en población pediátrica con exceso de peso.
¿POR QUÉ LOS NIÑOS CON OBESIDAD?Las razones son múltiples y complejas. En primer lugar, la vitamina D es una vitamina 31 liposoluble, lo que significa que se almacena en el tejido graso. En niños con mayor cantidad de grasa corporal, la vitamina D queda "secuestrada" en ese tejido y no circula adecuadamente en la sangre, reduciendo su disponibilidad para el organismo.
A esto se suman factores de estilo de vida. Muchos niños con sobrepeso realizan menos actividad física al aire libre, pasan más tiempo frente a pantallas y tienen una menor exposición al sol, principal fuente natural de vitamina D. Además, las dietas asociadas al sobrepeso suelen ser ricas en alimentos ultraprocesados y pobres en productos que aportan vitamina D, como pescados grasos, huevos o lácteos enriquecidos.
Por último, existen alteraciones metabólicas propias de la obesidad que pueden interferir en la activación y el metabolismo de la vitamina D a nivel hepático y renal, agravando aún más el problema. El déficit de vitamina D en la infancia no solo afecta al desarrollo óseo.
Pandemia silenciosa y poco visibleEn el ámbito inmunológico, niveles bajos de vitamina D se asocian con una mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias, asma y enfermedades autoinmunes.
Algunos estudios sugieren incluso un posible impacto en la salud mental, con vínculos entre déficit de vitamina D y síntomas depresivos o menor rendimiento cognitivo, aunque esta relación sigue siendo objeto de investigación. A diferencia de otras enfermedades, el déficit de vitamina D suele pasar inadvertido. No produce síntomas claros en sus fases iniciales y no siempre se detecta en los controles pediátricos rutinarios.
En el caso de los niños con obesidad, la atención médica suele centrarse en el peso, la alimentación o la actividad física, mientras que los niveles de vitamina D quedan en un segundo plano. Este carácter silencioso es lo que lleva a muchos expertos a hablar de una "pandemia invisible".
Afecta a millones de niños en todo el mundo, progresa de forma lenta y se asocia a múltiples problemas de salud, pero recibe una atención limitada tanto a nivel clínico como en políticas de salud pública.
El papel del pediatra y la importancia de la prevenciónLos pediatras desempeñan un papel clave en la detección y prevención de este problema. Cada vez más guías clínicas recomiendan evaluar los niveles de vitamina D en niños con obesidad, especialmente si presentan otros factores de riesgo. La suplementación, cuando está indicada, ha demostrado ser segura y eficaz para normalizar los niveles, aunque debe individualizarse según la edad, el peso y las necesidades de cada paciente.
No obstante, la solución no puede limitarse a la prescripción de suplementos. La prevención pasa por promover hábitos de vida saludables desde la infancia: fomentar la actividad física al aire libre, reducir el sedentarismo, mejorar la calidad de la dieta y garantizar una exposición solar adecuada y segura. Abordar el déficit de vitamina D en niños con sobrepeso u obesidad requiere una estrategia integral.
Los expertos coinciden en que es necesario combinar intervenciones clínicas con políticas de salud pública que faciliten entornos saludables. Esto incluye programas escolares de educación nutricional, espacios seguros para el juego al aire libre, campañas de concienciación para familias y, en algunos casos, la fortificación de alimentos con vitamina D.
La investigación continúa avanzando para comprender mejor la relación entre obesidad y vitamina D, así como para definir las dosis óptimas de suplementación en población pediátrica. Mientras tanto, el mensaje es claro: el déficit de vitamina D no es un problema menor ni aislado, sino una pieza más del complejo rompecabezas de la obesidad infantil
Fuente: diariopanorama.com