Ante este escenario, organismos de salud y colegios profesionales de la Patagonia argentina presentaron una guía oficial de primeros auxilios psicosociales destinada a acompañar a jóvenes afectados por una emergencia geológica reciente, marcando un precedente de alto valor preventivo que trasciende lo local.
   La iniciativa surge tras un importante deslizamiento de tierras que obligó a evacuaciones y generó un clima de incertidumbre prolongada. Las autoridades sanitarias coincidieron en abordar la situación como una problemática de salud pública, señalando que los adolescentes constituyen uno de los grupos más vulnerables ante contextos de pérdida, desplazamiento y ruptura de la vida cotidiana.
   Con lema "Juntos en la emergencia", la guía fue elaborada por equipos interdisciplinarios de salud mental, con el respaldo de organismos públicos y colegios profesionales. Su objetivo es brindar orientaciones claras a familias y cuidadores para reconocer señales de alarma y ofrecer contención emocional en momentos críticos, evitando que el impacto psicológico de la emergencia se profundice o cronifique.
Adolescencia y crisis: reacciones esperables   El documento parte de una premisa clave: muchas conductas adolescentes en situaciones de desastre no son patológicas, sino respuestas esperables al estrés extremo. Entre los síntomas más frecuentes se identifican reacciones emocionales intensas —como enojo desmedido o aislamiento—, conductas de riesgo asociadas al deseo de escapar de la situación, sensación de invulnerabilidad frente al peligro real o, por el contrario, sentimientos de desesperanza profunda.
   También se advierten alteraciones del sueño, como insomnio o pesadillas recurrentes, que suelen aparecer cuando el entorno deja de percibirse como seguro. Reconocer estas señales con empatía, remarcan los especialistas, es fundamental para evitar respuestas adultocéntricas basadas en el castigo o la minimización del malestar.
Claves de acompañamiento psicosocial   La guía propone cuatro ejes centrales de cuidado. En primer lugar, respetar los espacios personales, aun en contextos de evacuación o convivencia forzada, entendiendo que la privacidad es una necesidad emocional clave en esta etapa de la vida. En segundo término, fortalecer la conexión social, facilitando el contacto con pares, ya sea de forma presencial o virtual.
   Un aspecto especialmente destacado es otorgar a los adolescentes un rol activo en la organización de la vida diaria, involucrándolos en tareas y decisiones posibles. Esta participación contribuye a reducir la sensación de descontrol y refuerza la autoestima en medio del caos. Finalmente, se recomienda una vigilancia atenta —pero no invasiva— sobre el consumo de alcohol u otras sustancias como forma de afrontamiento.
Prevención en un mundo inestable   Más allá del caso puntual, esta experiencia pone en evidencia una tendencia global: las emergencias vinculadas a fenómenos extremos son cada vez más frecuentes, y con ellas crecen los desafíos para la salud mental comunitaria. Preparar a las familias, a las instituciones y a los sistemas de salud para acompañar emocionalmente a niños y adolescentes ya no es una respuesta excepcional, sino una necesidad estructural.
   La guía no solo responde a una crisis concreta, sino que refuerza un mensaje clave para el presente y el futuro: invertir en prevención en salud mental es tan importante como atender la emergencia material, especialmente cuando se trata de generaciones que están creciendo en un mundo marcado por la incertidumbre, los cambios abruptos y la fragilidad de los entornos.
Fuente: diarionorte.com