hace 52 minutos - VIDA-TENDENCIA
Tiempo de lectura: 4 minutos, 3 segundos16 de Mayo, 2026-Consumos problemáticos-Es común echar culpa de la conducta transgresora de los niños a la sociedad, a los amigos o a las redes sociales. ¿Y los padres dónde están?, ¿qué función cumplen?
Siempre nos preocupa el mal comportamiento de nuestros hijos, pero muy pocas veces analizamos, por un instante, cómo los criamos. La conducta es el resultado de 30 % de lo que dicta la genética (mezcla de genes provenientes de papá y mamá) que es corregible, y luego de nacer, 70 % lo aporta el hábitat donde nos desarrollamos. Por lo general, le echamos la culpa de la conducta transgresora de los niños a la sociedad, a los amigos o a las redes sociales. ¿Y los padres dónde están?, ¿qué función cumplen?
Actualmente, se tiene presente la influencia del medio externo en las modificaciones estructurales y funcionales que sufre el cerebro de los seres humanos. Si una determinada zona de la corteza cerebral recibe estímulos de un determinado tipo, son estos estímulos los que ocasionan la organización y funcionalidad que tendrá el cerebro, y no solo la predisposición genética.
La conducta de los jóvenes depende especialmente del contexto familiar en el que se desarrollan y de la relación afectiva y vincular con sus padres. Sabemos que el cerebro infantil es altamente maleable y que se desarrolla bien a través de vínculos seguros, atención emocional y experiencias positivas.
La neurociencia aplicada a la crianza se centra en estudiar el desarrollo del cerebro infantil, cómo se forman las conexiones neuronales y la liberación de los neurotransmisores, y cómo influyen todos estos procesos en la comprensión de su propio cuerpo, su desarrollo emocional y el aprendizaje; además prioriza la calidad de las conexiones neuronales, de acuerdo al modo de crianza: con violencia y castigo o con amor y comprensión, lo cual repercute directamente en la salud mental a largo plazo.
El buen desarrollo del cerebro se traduce en una mayor velocidad de conducción, mejor calidad del pensamiento, y una adecuada toma de decisiones. Porque lo que se fortalece en la infancia no desaparece con el tiempo, se transforma en la base desde la cual se habita la vida adulta.
Respecto a las adicciones en los jóvenes, sabemos que se puede evitar o prevenir, si cumplimos con ciertas pautas saludables de crianza.
Como padres, es natural que nos preocupemos por la salud de nuestros hijos adolescentes y en especial hoy, cuando experimentamos el temor permanente de que es posible que prueben algún tipo de drogas o, peor aún, que estén consumiendo alguna sustancia adictiva o se vuelvan farmacodependiente y sufra lesiones graves por el consumo de drogas. Si bien, no podemos estar controlando permanentemente todo lo que hacen nuestros hijos, sí podríamos tomar medidas para ayudar a mantenerlos alejado de las drogas.
Comencemos por aprender todo lo que se pueda sobre las drogas (características, modo de consumo y daños que produce) y el abuso de ellas. Conocer las señales tempranas que se presentan por el uso de drogas para poder estar alerta y frenar su consumo. Luego, utilizar estos conceptos para poder dialogar con su hijo, sobre los efectos de las distintas sustancias y evitar el consumo. Ayúdelo a decir "no".
1) No debe ser una "gran conversación", por el contrario, debe ser corta y frecuente, y tener como punto de inicio una noticia, una película o un comentario sobre adiciones.
2) Si comentan sobre un amigo adicto a sustancias químicas (alcohol, marihuana, cocaína, anfetaminas, etcétera), o conductuales (juego, sexo, trabajo o internet) no dar sermones ni críticas negativas, sino realizar preguntas abiertas como por qué creen que esos muchachos consumen o qué opinión tienen del efecto de las drogas. Si existe una buena relación y frecuente diálogo, su hijo va a responder con sinceridad.
3) Comuníquele a su hijo cuál es su opinión respecto de las drogas, y exprésele claramente: "No al consumo".
4) Dele tiempo para hablar y escúchelo sin interrumpirlo. Esto le mostrará que a usted le importa lo que él opina.
5) Pase un buen tiempo, todos los días, hablando sobre lo que está sucediendo en la vida del joven, en especial aprenda a escucharlo. Esto facilitará las conversaciones futuras sobre conductas de riesgo.
6) Conozca a sus amigos y el ambiente que frecuenta. Ponga límites adecuados y sea un buen modelo a seguir: "su ejemplo educa".

Recuerde que las adicciones requieren profesionales competentes y un tratamiento adecuado, a través del cual los enfermos se recuperan.
Es fundamental realizar un diagnóstico temprano de consumo, dado que el mayor tiempo transcurrido produce mayores daños en el cerebro, y el tiempo de consumo va en contra de su pronta recuperación.
Esté atento a algunos de los síntomas incipientes, que hacen presumir el ingreso a las adicciones: cambio de carácter, hábitos y amistades; hablar rápido o de manera explosiva (por usar estimulantes); ojos inyectados de sangre y/o aumento del apetito (consumo de marihuana); pupilas grandes (dilatadas) o pequeñas (puntiformes); tos que no desaparece; olor o aliento inusual (por usar drogas inhaladas); pérdida del apetito (consumo de anfetaminas, metanfetaminas o cocaína); marcha inestable, pronunciación lenta o mala (por usar tranquilizantes y depresivos).
Este artículo es una oportunidad para reflexionar y un llamado a la responsabilidad de padres y educadores, que no son simples espectadores del desarrollo de los adolescentes, sino protagonistas en la formación de una nueva generación más resiliente, consciente de su compromiso y emocionalmente saludable.
Pensemos que aquello que sostiene la mente y el corazón no siempre se ve, pero sí se construye.
Fuente: diarionorte.com
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