¿Una nueva forma de injusticia social?

hace 3 horas - VIDA-TENDENCIA

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15 de Abril, 2026-En un artículo con este mismo título se propone una reflexión potente: el insomnio no es solo un problema sanitario, sino una cuestión de inequidad estructural.


Laura Marajofsky publicó el 30 de marzo de 2026 en el diario El País (Madrid) un artículo que invita a repensar el insomnio más allá de la esfera médica. La autora propone una reflexión potente: el sueño no es solo una cuestión de salud individual, sino una dimensión clave de la inequidad estructural. Con el aporte del cronobiólogo argentino Diego Golombek (investigador del Conicet y profesor de la Universidad de San Andrés) y de Marta Junqué, directora de la organización Time Use Initiative, Marajofsky argumenta que el descanso se distribuye de manera tan desigual como la riqueza, el trabajo o el tiempo de cuidado.

El sueño como recurso público

   Una de las ideas centrales que glosa la autora es la noción de "capital de sueño", acuñada por Golombek. Se trata de una reserva de descanso reparador cuyo agotamiento afecta la productividad, la salud física y mental, y la capacidad de tomar decisiones. Este capital es escaso entre quienes trabajan por turnos, realizan largos desplazamientos, tienen empleos precarios o asumen tareas de cuidado no remuneradas. Marajofsky subraya que el sueño no es un "lujo privado" sino un "recurso público con costos y valor económico". Esta advertencia conecta directamente con el concepto de justicia circadiana: la necesidad de adecuar los horarios laborales, educativos y sociales a los ritmos biológicos naturales de las personas, en lugar de forzar al cuerpo a adaptarse a la lógica productivista empresarial.

La brecha del sueño en números

   Para reforzar el análisis de Marajofsky, vale la pena agregar evidencia cuantitativa que ilustra la magnitud del problema. En España, el consumo de hipnosedantes (pastillas para dormir) se triplicó entre 2005 y 2022, alcanzando al 9,7% de la población de 15 a 64 años. Las mujeres son las principales consumidoras: un 65% más que los varones, con picos del 21,4% en el grupo de 55 a 64 años. Este dato no es casual: como señala Junqué en el artículo, las mujeres españolas encabezan el consumo mundial de estos fármacos debido a la sobrecarga de tareas domésticas y la llamada "carga mental".

¿Hacia políticas que protejan el descanso?

   El impacto económico tampoco es menor. Según estimaciones de la OCDE, el déficit crónico de sueño puede restar hasta un 2% del PIB en los países desarrollados, por pérdida de productividad, aumento de accidentes laborales y mayores costes sanitarios. En la Argentina, un estudio liderado por el propio Golombek calculó que si toda la población durmiera al menos siete horas diarias, el PBI sería 1,27% más alto. Estas cifras desmontan la idea de que dormir bien es un asunto exclusivamente privado: la falta de sueño tiene externalidades colectivas enormes.

   Marajofsky menciona iniciativas concretas que apuntan a cerrar la brecha del sueño. En México, el movimiento #Yoporlas40horas impulsó una reforma constitucional que reducirá gradualmente la semana laboral de 48 a 40 horas entre 2027 y 2030. En Estados Unidos, proyectos como la Ley de Horarios que Funcionan (Schedules That Work Act) buscan proteger a empleados de sectores como la restauración o el comercio minorista de los cambios de última hora en sus turnos, garantizando descansos mínimos y previsibilidad. En España, aunque la Ley del derecho a la desconexión digital supone un avance, la autora señala que las mujeres siguen soportando la mayor carga mental y doméstica, lo que perpetúa la desigualdad en el descanso.

Del individuo al sistema

   El mérito del artículo de Marajofsky es desplazar el debate del ámbito individual al estructural. No se trata de "malos hábitos" o de falta de voluntad, sino de condiciones materiales: horarios extensos, trabajos de turno, desplazamientos largos, cuidados no remunerados y presión por la conectividad permanente. Como ella misma concluye, en un sistema que exige productividad sin descanso, "privilegiar el ocio intencional es casi revolucionario". La pregunta que queda flotando, y que Marajofsky nos deja plantada, es si nuestras instituciones están dispuestas a diseñar políticas que reconozcan el sueño como un derecho fundamental y no como una mercancía más. La justicia circadiana, sugiere la autora, debería ser el próximo horizonte de los movimientos por la equidad social.

Fuente: diarionorte.com


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