hace 7 años - NACIONALES
Tiempo de lectura: 3 minutos, 12 segundosLos últimos datos oficiales difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) confirman la profundización de la crisis en la que ingresó la economía nacional como producto de la aplicación de recetas que, como ya se comprobó en el pasado, benefician a unos pocos y empobrecen a la mayoría de los argentinos.
En rigor, las alarmas que vienen advirtiendo sobre la caída de indicadores clave de la economía se encendieron hace varios meses, y lo único que aportan estas últimas cifras del Indec no es otra cosa que la confirmación de los peores pronósticos que opositores y hasta economistas ligados al gobierno nacional habían hecho público para dar cuenta del rumbo equivocado que había elegido la Casa Rosada.
Según el Indec, la utilización de la capacidad instalada de la industria mostró en mayo pasado una reducción del 2,5 por ciento por debajo de las cifras que tuvo en abril de este mismo año. Por otra parte, de acuerdo a datos del Grupo Construya, que integra a empresas líderes de la construcción de todo el país, las ventas de insumos para el sector privado se desplomaron en junio un 5,4 por ciento con relación a igual mes del año pasado.
Pero eso no es todo: el sombrío panorama se completa con una fuerte caída en las ventas minoristas, un pronunciado descenso en la fabricación y el patentamiento de autos y lo mismo sucede con la venta de motos. Las señales son claras y confirman el peligroso enfriamiento de la actividad económica que el mes pasado pegó con dureza al comercio y la industria.
¿Cómo pudo pasarse de las promesas de la lluvia de inversiones al pedido de urgencia de un préstamo al Fondo Monetario Internacional, con un dólar incontrolable y la tasa de interés por las nubes que hacen inviable cualquier actividad productiva? Para los más críticos de la administración Macri, el gobierno nacional manejó con sorprendente impericia la situación y prueba de ello fue la decisión de permitir que la especulación financiera asumiera un papel central en la política económica.
Es que cada vez que se permitió el ingreso y egreso irrestricto de capitales, se mantuvo en forma ficticia el tipo de cambio combinado con una suba de las tasas de interés, la pulseada siempre la terminó ganando el capital especulativo que, tal como enseña la repetida historia argentina, aventajó por varios cuerpos al golpeado sector productivo.
Si este segundo semestre arranca con los motores de la economía casi al borde de la paralización es porque se tomaron decisiones de políticas económicas equivocadas. De otro modo no se explica el saldo negativo récord de la balanza comercial, de la balanza turística y el récord de fuga de capitales.
Es evidente que si no se cambia del modelo económico, será muy difícil evitar males mayores para la mayoría de los argentinos. Por más que se quiera maquillar al préstamo del Fondo Monetario Internacional como una salvaguarda para los 44 millones de argentinos, hay que tener en claro que ese endeudamiento solo protege a los fondos acreedores de la Argentina, es decir a los que prestaron plata al país.
Así lo establece claramente el acuerdo que se firmó con el organismo de crédito. Dicho de otra manera, el ajuste y la crisis tendrá a muchos afectados, pero uno solo será el sector que se verá beneficiado: los acreedores de la deuda pública.
En ese sentido, un estudio de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública volcado en su último Informe de Ejecución Presupuestaria de la Administración Pública Nacional reveló que se incrementó en un 58 por ciento el peso de los intereses de la deuda en el gasto público.
Según este trabajo hasta mayo pasado 15 de cada 100 pesos de gasto corriente se destinaron a intereses de la deuda; mientras que hasta 2015, representaban menos de siete pesos cada 100. En conclusión, Argentina es un país con poca memoria. De otra manera no se explica cómo muchos hoy se muestran sorprendidos por los resultados que exhibe el modelo económico que se impulsa desde Balcarce 50.
Es que nada bueno se puede esperar de un esquema en el que es más conveniente y rentable alquilar una oficina cerca del puerto de Buenos Aires, con un escritorio y dos sillas, para importar todo tipo de productos, antes que sostener una pyme en el interior del país para fabricar esos mismos productos con mano de obra local.
08-07-18 Fuente y foto: DIARIO NORTE
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