Miguel Moreno, 209 días apresado en Venezuela: Nos secuestraron, éramos rehenes políticos

hace 5 horas - MUNDO


José María Rodríguez

Las Palmas de Gran Canaria, 12 may (EFE).- Cumplidos cuatro meses de la noche en la que fue liberado del penal de máxima seguridad de El Rodeo y de que el ministro Diosdado Cabello, en persona, lo entregara a la Embajada de España en Caracas junto a cuatro españoles más, el periodista canario Miguel Moreno defiende que Venezuela los "secuestró" y utilizó como "rehenes políticos".

De 34 años, Moreno ha preferido hasta ahora no hablar de cómo la Armada Bolivariana apresó el barco de bandera panameña y capitán neerlandés para el que trabajaba, dedicado a buscar pecios hundidos, ni de sus 209 días de cautiverio. Ha permanecido callado hasta que todos sus compañeros han sido liberados, para evitar perjudicarlos.

En una entrevista con EFE, rompe su silencio para denunciar que los nueve tripulantes del buque N35 fueron capturados el 11 de junio de 2025 sin causa en aguas internacionales, los "secuestraron" y los acusaron sucesivamente de espiar para Guayana, de buscar yacimientos petrolíferos en aguas de Venezuela y de colaborar con el narco.

Nada de ello se sustanció. Tras seis días en Isla Margarita, donde los interrogó la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), los condujeron al estado de Miranda, al penal de El Rodeo, y al cabo de un mes los sentaron ante un juez para leerles los cargos.

Acusado de terrorismo

Fueron estos: terrorismo, financiación del terrorismo, asociación de terrorismo y atentado contra la soberanía de Venezuela, los mismos que figuran en el documento con el que Moreno salió de prisión y entró en la Embajada española en Caracas, acompañado de Andrés Martínez, José María Basoa, Ernesto Gorbe y Rocío San Miguel, los otros presos españoles.

El periodista canario no ha regresado aún del todo a su vida. Tampoco ha recuperado su trabajo ni Venezuela les ha devuelto el barco. Además, su mente le devuelve a El Rodeo con más frecuencia de la que desearía, al recordar a los presos que permanecen allí.

"El momento más duro es cuando se cierra la celda", rememora. En sus casi siete meses en El Rodeo, Miguel Moreno habitó en un cubículo de 1,80 por 3,50 metros, donde, "si abría los brazos, tocaba las paredes". Compartido con otro preso, poco ventilado, con colchones en el piso y un agujero en el suelo como váter.

"Cuando escuchas el candado a tus espaldas es durísimo. Te das cuenta de que has llegado a la estación final", relata.

Las condiciones de retención eran miserables, subraya: las cucarachas y los mosquitos hacían estragos. Los sacaban al patio de 45 a 60 minutos diarios, solo de lunes a jueves. En la celda, ninguna distracción, nada que leer, apenas una Biblia. Eso para los extranjeros, precisa, que eran "rehenes de alto standing", pero para los venezolanos había un lugar aparte, "un hoyo aún más profundo".

"Muchos caían en la depresión. Intentos de suicidio había cada dos semanas. Algunos lo intentaban incluso tirándose de cabeza al suelo desde la litera. Si pensabas en el sufrimiento de la gente que te esperaba fuera, te afectaba. Era mejor dejarlo de lado y concentrarse en lo que dependía de ti", cuenta.

Propaganda oficial en la megafonía

En El Rodeo, los reclusos están aislados de lo que sucede en el mundo, solo reciben las noticias que traen los recién llegados y la propaganda oficial reproducida por la megafonía de la prisión.

Por los programas de Maduro y Cabello ('Con Maduro más' y 'Con el mazo dando'), comenzaron a intuir que algo grave sucedía o estaba a punto de pasar con Estados Unidos, una crisis militar. En realidad, relata el periodista, leían entre líneas, percibían un cambio entre las primeras arengas de resistencia del oficialismo y los últimos discursos de Maduro definiendo a Venezuela como "una nación de paz".

"Escuchaba aquello y me decía: Tío, ya no soy ni preso político, yo soy prisionero de guerra. Este país está en guerra. Le están hundiendo barcos en el este. Esta gente habla de guerra", relata.

Guerra no hubo, pero sí una operación militar relámpago en la madrugada del 3 de enero, que capturó a Maduro y se lo llevó a Nueva York. En El Rodeo, vivieron en directo lo que estaba pasando en forma del ruido de los aviones y helicópteros sobrevolando toda la noche sobre el penal, pero no supieron los detalles hasta dos días después.

"Aún no sé por quién estoy libre"

El día 8 de enero de 2026, a los españoles les afeitaron la cabeza y los liberaron. "Fui un rehén político al que se usó no sé para qué. A mí, a día de hoy, me pregunta mucha gente por la calle ¿tú, por quién estás libre? ¿Por Trump (el presidente estadounidense) o por Zapatero (el expresidente español)? Y no lo sé".

"Tampoco sé por qué acabé preso, ni qué negociaciones se llevaron a cabo o qué importancia teníamos para quien fuera. Pero llegó un momento, después de la captura de Maduro, en el que se empezó a liberar a todos los internacionales en bloque", apunta.

Ahora que ya está en casa, tiene un reproche colectivo para todos los gobiernos de los europeos liberados, incluido el de España: cree que no se han ocupado como es debido de ellos.

"Como no somos culpables ni somos nada, estamos en un limbo, no nos van a ayudar a reinsertarnos", se lamenta, mientras muestra una foto de compañeros suyos de reclusión protestando ante la sede de la ONU en Ginebra, encapuchados, como cuando los trasladaban.

"Es como si lo que nos ha pasado no hubiera existido. Entiendo que esto no pase de manera habitual, pero no es excusa para que el Estado entero se desentienda y no hayamos recibido ningún tipo de atención por su parte", razona.

(c) Agencia EFE

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