"Tomaré Cuba casi de inmediato", afirmó Trump en una cena avisando de la llegada de un portaviones

hace 2 horas - MUNDO


Donald Trump anunció en una cena privada en el Raymon F. Kravis Center for the Performing Arts en West Palm Beach, Florida, que tomará el control de Cuba "casi de inmediato", explicando que primero terminará el "trabajo" en Irán. La intervención tuvo lugar durante un acto cerrado organizado por el Forum Club, un foro habitual de encuentro entre políticos, empresarios y figuras públicas del estado.

El tono fue el que define a Trump en este tipo de escenarios: mitad amenaza, mitad espectáculo. Según sus propias palabras, de vuelta de Irán, haría llegar el portaviones USS Abraham Lincoln, el más grande del mundo, según él mismo, al Caribe, para que se detuviera a unos 100 metros de la costa cubana, y desde allí los cubanos dirían: "Muchas gracias, nos rendimos".

Sus colaboradores quitaron hierro al discurso describiéndolo como jocoso, pero las declaraciones no llegaron en el vacío. Aterrizaron el mismo día en que la Casa Blanca firmaba un nuevo paquete de sanciones.

Trump ordenó el viernes imponer nuevas sanciones destinadas a asfixiar al Gobierno cubano, que ese mismo 1 de mayo había convocado una manifestación para defender la soberanía de la isla y denunciar las amenazas de agresión militar estadounidense.

Las nuevas medidas son una extensión de las que Trump anunció a finales de enero, cuando amenazó con imponer aranceles adicionales a los países que proveyeran de petróleo a Cuba.

El decreto apunta esta vez a los sectores energético, minero, de Defensa y servicios financieros. También incluye restricciones a bancos extranjeros que colaboren con el gobierno cubano e impone limitaciones migratorias.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel respondió calificando el bloqueo de "genocida", mientras que el canciller Bruno Rodríguez lo definió como un "castigo colectivo al pueblo cubano". Rodríguez vinculó el anuncio a la masiva concentración que Cuba celebró frente a la embajada estadounidense en La Habana, a la que asistió Raúl Castro, de 94 años, junto a Díaz-Canel.

Lo que está ocurriendo ahora no es un giro repentino: es la aceleración de una estrategia que lleva meses fraguándose. Desde principios de año, la presión sobre la isla no ha dejado de crecer, ligada en parte al derrocamiento del presidente venezolano Nicolás Maduro, un viejo aliado de La Habana que era su principal proveedor de petróleo.

Trump ya había advertido a Cuba de que, sin un acuerdo con Washington, no habría más petróleo ni dinero procedentes de Venezuela, instando al Gobierno a negociar "antes de que sea demasiado tarde".

A esas presiones energéticas se suman ahora las declaraciones sobre el portaviones, el voto del Senado para rechazar límites a posibles operaciones militares en Cuba, y las acusaciones del secretario de Estado Marco Rubio sobre presencia de inteligencia extranjera en la isla.

Trump había planteado ya en febrero la posibilidad de una "toma de control amistosa" de Cuba, sin detallar en qué consistiría esa fórmula ni cuál sería su encaje en el derecho internacional.

A pesar de la tensión, ambos países mantienen cierto contacto diplomático: el 10 de abril se celebraron reuniones de alto nivel en La Habana, con presencia de un funcionario estadounidense y un nieto de Raúl Castro.

En la isla, el Gobierno movilizó a cientos de miles de personas el 1 de mayo frente a la embajada de EE.UU. Las autoridades afirmaron haber recogido más de seis millones de firmas en defensa de la patria y la paz, entregadas simbólicamente a Raúl Castro y a Díaz-Canel, aunque opositores cuestionaron las condiciones en que se reunieron algunas de ellas.

La posibilidad de una intervención militar ya ha sido rechazada por varios países, entre ellos Alemania, cuyo canciller Friedrich Merz aboga por una salida basada en el diálogo. La comunidad internacional observa cómo Washington estrecha el cerco sobre una isla que acumula apagones, escasez y un bloqueo energético que no da señales de aflojarse