Así lo indicó el productor y consultor Néstor Roulet, quien proyectó una caída significativa en los rindes y volúmenes respecto de las previsiones realizadas a fines de 2025.
Según su relevamiento, la producción de maíz se reduciría en unas 8 millones de toneladas, mientras que la soja sufriría una merma de 5,2 millones de toneladas. Estas pérdidas se traducirían en un menor volumen exportable y, por lo tanto, en una disminución de las divisas que ingresan al país. El cálculo se basa en la comparación entre los rindes actuales, afectados por el estrés hídrico, y los datos difundidos en diciembre por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
La región agrícola núcleo, que abarca el norte de Buenos Aires, el sudeste de Córdoba y el sur de Santa Fe, atraviesa una situación crítica. En enero, las lluvias alcanzaron apenas el 35 % de lo habitual y cerca de la mitad del área se encuentra en condición de sequía. Según la BCR, en algunas zonas las sojas ya muestran pérdidas de hasta el 50 % en su potencial productivo.
En el caso de la soja, Roulet estima que la cosecha bajará de los 50 millones de toneladas previstos a 44,8 millones. El rinde promedio nacional caería de 30,4 a 28 quintales por hectárea. Esto implicaría una reducción en el ingreso de divisas del complejo sojero, que pasaría de US$15.600 millones a US$13.572 millones, es decir, unos US$2.028 millones menos.
Para el maíz, la producción se ajustaría de 62 a 54 millones de toneladas, con una baja del rinde promedio de 77 a 70 quintales por hectárea. En este caso, los ingresos por exportaciones se reducirían de US$7.560 millones a US$6.120 millones, una pérdida de US$1.440 millones.
En total, la caída combinada de ambos cultivos representa un perjuicio estimado de US$3.468 millones. Roulet recordó que la campaña había comenzado con buenas perspectivas tras las lluvias de primavera, e incluso se proyectaba una cosecha récord. Sin embargo, la falta de precipitaciones en diciembre y enero modificó drásticamente el escenario.
Si bien los especialistas esperan nuevas lluvias, advierten que no serían generalizadas. En muchas zonas se necesitan al menos 100 milímetros para evitar mayores daños. Desde la BCR señalaron que enero cerró con menos de 40 milímetros promedio, cuando lo normal es alrededor de 110.
En regiones como el sudeste cordobés, la situación es especialmente grave. Productores aseguran que no registran lluvias desde Navidad, lo que agrava el estrés hídrico y pone en riesgo la recuperación de los cultivos. Ante este panorama, el sector agropecuario enfrenta una campaña marcada por la incertidumbre y un fuerte impacto económico.
Fuente. diarionorte.com