Descanso mental en vacaciones: cómo lograrlo y evitar que el efecto se evapore al regresar.

- SALUD-VIDA

Descanso mental en vacaciones: cómo lograrlo y evitar que el efecto se evapore al regresar.
Descanso mental en vacaciones: cómo lograrlo y evitar que el efecto se evapore al regresar.

Por: Enrique De Rosa Alabaster 7 de Enero, 2026-Un experto recomienda que, durante el receso, es necesario planificar estrategias para crear las condiciones apropiadas que reduzcan las tensiones y preocupaciones.

Cambiamos de paisaje, pero no cambiamos de sistema. Entre alertas, y "residuo atencional", el cerebro sigue trabajando, aunque el cuerpo esté en otra parte. Qué hacer para que el descanso sea real y dure. Llega la época de vacaciones y con ellas una paradoja que muchos conocemos: la fantasía del descanso.

Cambiar de paisaje para que el cuerpo y la mente se "apaguen" solos como si fueran el botón de reinicio, pero cuando llegan descubrimos que una forma de cansancio sigue ahí, a pesar de mayor descanso, cambio de comidas, más actividad al aire libre, etcétera. El tema es más interno e imperceptible, puede ser una mezcla de irritabilidad, la sensación de "estar en alerta", cierta dificultad para disfrutar y una mente que salta de una cosa a otra, a veces magnificando problemas.

El real problema no es el modo interno con el que llegamos y del cual no es simple despegarse.

Conscientes de esa dificultad en cambiar hábitos, la clave no es solo tomar vacaciones, sino diseñarlas previamente, es decir planificarlas de un modo que produzcan una recuperación real y que no se evapore a las 48 horas de volver. Si bien el burnout parece la explicación universal, el cansancio que vivimos es más amplio: suele ser una suma de deuda de sueño, estrés crónico, pero sobre todo una saturación emocional y cognitiva alimentada por la interrupción permanente.

No solo estamos cansados por lo que hacemos, estamos cansados por lo que nos interrumpe y de no poder desconectar realmente. De la misma manera que para un trabajo intelectual necesitamos un tiempo de cierto aislamiento para podernos concentrar, el descanso merece esa misma preparación, contrario a la idea de la espontaneidad. La espontaneidad solo hace que se repitan en loop los esquemas que más usamos, y el preponderante es la dispersión.

ESTRÉS BIOLÓGICO

A eso se suma un elemento: el estrés dejó de ser "mental" y se volvió biológico. En realidad, el concepto inicial de Selye, Cannon y otros era una respuesta orgánica, pero por alguna razón pasó a ser considerado como exclusivamente mental y eventualmente de manera secundaria con consecuencias físicas. La realidad es que cuando el organismo vive demasiado tiempo en vigilancia, paga con lo que en fisiología del estrés se llama carga alostática, que es el costo acumulado de sostener el sistema encendido, el precio que el organismo paga, de vivir demasiado tiempo en modo amenaza.

Esto se traduce en fatiga, irritabilidad y bajo umbral de tolerancia. En ese contexto, las vacaciones no siempre funcionan como descanso a veces funcionan como cambio de escenografía, pero el modo supervivencia activo por defecto.


La tecnología

Antes, salir de vacaciones cortaba la inercia porque también cortaba el circuito en alguna medida dada la menor cantidad de variables. Hoy, el modelo ha cambiado, en parte el aprendizaje del modelo homeoffice ha generado que no haya horarios, y así seguimos con la obligación imperceptible de estar siempre disponibles: responder, mirar, enterarse, con la autoexcusa que es solo un instante, y son esos instantes de corte que hacen pagar el costo.

Esa lógica transforma el descanso en una tarea más. Es notable que alguien nos envíe un mensaje y si la respuesta llega horas más tarde, es probable que el emisor imagine que no se le ha querido contestar, no que uno ha decido pasar a vivir en una versión unplugged.

El smartphone ya es parte de una lógica transhumanista que opera casi de respirador artificial, del cual hay quienes no imaginan poder vivir siquiera desconectado unos instantes.

Hay un fenómeno psicológico que explica esto, el llamado por residuo atencional, según la investigadora de la Universidad de Minnesota Sophie Leroy. Aunque cambiemos de actividad, una parte de la mente queda pegada a lo anterior. Ya no es el adminículo en sí, sino la mente que asimiló ese implante. En esa facilitación tecnológica reside la trampa. Se puede estar en un lugar hermoso, en excelente compañía, pero una fracción de la atención (imperceptible) sigue en la bandeja de entrada, en el mensaje pendiente.

Cómo conseguir que la sensación no se pierda a las 48 horas

Los trabajos sobre las vacaciones son de alguna manera molestos en sus conclusiones: ayudan pero el efecto suele disminuir rápido cuando se vuelve al circuito habitual. Es decir, si no cambia nada del "sistema interno", las vacaciones pueden convertirse en un analgésico breve.

La clave no es hacer vacaciones perfectas, es evitar el regreso brutal al mismo régimen, un meta-análisis clásico encontró efectos positivos pequeños a moderados durante vacaciones, que se desvanecen pronto tras la vuelta al trabajo. Un primer punto es entender que el descanso se prepara. Si uno sale con tareas abiertas, conflictos sin cerrar y una bandeja de entrada "viva", el residuo atencional viaja con uno. La mente no confirma el descanso y, por ende, la respuesta orgánica general, hasta que siente que hay un cierre, aunque sea mínimo, pero real.

El segundo punto es aceptar algo que parece contradictorio: para descansar hace falta establecer límites, no solo "tiempo libre". No se trata de demonizar el teléfono ni de hacer ascetismo digital. Se trata de crear zonas donde el sistema nervioso pueda bajar la guardia. Si no existen esas zonas, la mente se mantiene en modo vigilancia, aunque el cuerpo esté en reposo. Programas de retiros digitales en el mundo son una muestra de ello.

El tercer punto es la vuelta. Ahí se puede perder casi toda la inversión. Volver y entrar de golpe a decisiones, mensajes acumulados, reuniones y urgencias es como volver a la superficie sin la necesaria descompresión: el organismo interpreta ese cambio súbito como amenaza y reactiva la alerta. Eso explica en muchos casos las consultas sobre casos de astenia posvacacional.

En cambio, si el regreso tiene aunque sea un día buffer, amortiguador, el efecto se conserva mejor. Otro tema que puede ser de utilidad es simple, no intentar sostener la mayoría de hábitos de las vacaciones, como salidas, tiempo libre, ejercicio, sino identificar dos o tres que bajen la intensidad del modo alerta. Por ejemplo: caminata diaria sin celular y una franja sin noticias ni redes. Con dos cosas bien sostenidas, el descanso empieza a ser un sistema.

Byung-Chul Han lo formuló de modo provocador: ya no necesitamos un jefe que nos vigile, porque aprendimos a vigilarnos solos. La pregunta de estas vacaciones, entonces, no es "¿a dónde voy?", sino "¿qué parte del circuito voy a cortar para que mi mente vuelva a ser habitable?". Ahí aparece el verdadero "reset": no en el lugar, sino en el límite

(El autor es médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo, médico legista y especialista en temas de salud mental).

Fuente: diarionorte.com

Este artículo está optimizado para dispositivos móviles.
Leer Versión Completa