hace 1 hora - MUNDO
El reloj checador, a punto de ser obligatorio en los centros laborales, puede ser una herramienta de protección o un mecanismo de hipercontrol que desencadene estrés laboral y más efectos negativos en la salud integral de los trabajadores.
“El reloj checador por sí mismo no es bueno ni malo. Su impacto va a depender del modelo organizacional en el que se pueda insertar. Dependiendo de eso, podemos convertirlo en una herramienta de protección o en un mecanismo de control que puede aumentar el estrés laboral”, considera Jorge Gutiérrez Siles, psicoanalista y consultor senior de Kaysa Salud y Bienestar.
El registro electrónico del tiempo de trabajo como obligación de los empleadores es parte de la reforma secundaria de reducción de la jornada laboral a 40 horas, que está por debatirse en la Cámara de Diputados tras su aprobación en el Senado.
La propuesta de reforma incluye reconocer en el artículo 133 de la Ley Federal del Trabajo (LFT) la obligación patronal de “registrar de manera electrónica la jornada laboral de cada persona trabajadora, incluyendo el horario de inicio de finalización”.
El objetivo es que la autoridad pueda supervisar estos registros para verificar que sí se cumple la jornada de 40 horas y el pago de las extras.
Los especialistas coinciden en que esta medida no es ni buena ni mala por sí misma, sino que sus efectos negativos o positivos dependerán de la cultura laboral en la que se instaure, los liderazgos de todos los niveles y la forma en que se comunique esta medida, sobre todo en las que no existe y para las personas trabajadoras que nunca han checado.
“No es el instrumento de registro de asistencia en sí, sino que mal implementado puede seducir mucho a esas malas prácticas de hipercontrol o de simulaciones”, Yunue Cárdenas, CEO de Menthalising.
El reloj checador es una práctica que data de mediados del siglo XVIII, principalmente en las fábricas, que ha evolucionado hasta tomar los registros con datos biométricos. En su historia, hay centros de trabajo que no lo usan pues laboran por objetivos y entrega de resultados, más que por medición de horas.
Hay centros de trabajo en los que ya opera y otros en los que será una nueva medida. En ambos casos, la pregunta clave para los empleadores es ¿cómo lo van a utilizar?
“No es el checador como tal sino cómo se implanta en el sistema. Puede generar presentismo digital, es decir, trabajadoras que cumplieron sus labores pero están conectados -en casos de trabajo remoto- mirando videos porque deben cumplir con sus horas, porque lo que tienen que demostrar es que están en línea”, advierte Yunue Cárdenas.
“El ojo no debería estar en el checador como tal, sino en el cómo se instaura”, añade.
Si el reloj checador o registro electrónico de trabajo llega a una organización con poca claridad en sus objetivos, que da importancia de más a las horas presenciales y líderes que usan herramientas para controlar a los colaboradores, entonces el riesgo de que afecten no sólo la organización de trabajo sino la salud integral de los colaboradores, la productividad y el ambiente laboral, dice los especialistas.
“En culturas de hipercontrol y vigilancia excesiva lo primero que genera en las personas trabajadoras es una sensación de desconfianza organizacional, sobre todo en los que antes no checaban. Esto incrementa la ansiedad laboral. Aquí tenemos una dualidad o gestionamos por control o gestionamos por confianza”, explica Gutierrez Siles.
Su aplicación y efectos también dependerán de los tipos de liderazgo que haya en la organización, no sólo de los altos ejecutivos, sino de todos los que tengan personal a su cargo. En ellos recaerá el cómo utilizan el reloj en el día a día, si para “premiar” a quien está más horas o llega antes o invisibilizar a quien cumple en el tiempo establecido.
“El reloj checador puede ser una muy buena herramienta, pero si la cultura es horrible, el mayor riesgo no va a ser el checador sino el líder siga premiando al que se quede más tiempo y de eso de que te sirvió tener un checador de salida si al final la cultura sigue sin cambiar” , menciona Cárdenas.
En este tipo de culturas laborales, el reloj checador agregará más presión a los trabajadores no sólo por cumplir sus tareas sino por llegar a tiempo a checar, no olvidar registrar la salida, etiquetas de ser el que llega siempre corriendo o tarde, menos tolerancias pese a los factores externos como el tráfico, fallas en transporte público, lluvias, accidentes, marchas.
Otro aspecto que se pudiera perjudicar es la flexibilidad en los puestos que los permiten pues de pasar a cumplir objetivos ahora se agrega el cumplir tiempos.
“Si no se implementa bien y cuando digo bien es que no se sensibiliza al personal, se le capacita, se le orienta sobre los pros y contras del checador, y el por qué se toma la medida -no sólo porque lo pide el gobierno- los trabajadores van a sentir que hay una disminución en la motivación trabajar y un aumento del estrés”, dice Gutierrez Siles.
Una cultura con líderes que gestionan con hipervigilancia, basadas en desconfianza, sin capacitaciones ni explicaciones de por qué se toman ciertas medidas y falta de diseño en los puestos así como claridad en objetivos puede hacer del reloj checador una herramienta que refuerce esas prácticas.
Y ese contexto abona el terreno para desencadenar en los trabajadores estrés y ansiedad laborales, presentismo, insomnio, sobrecarga cognitiva y efectos en el cuerpo como dolores de cabeza, malestares gastrointestinales, fatiga crónica. “La ansiedad laboral no empieza en la mente del trabajador, empieza en la organización del trabajo”, advierte Gutierrez Siles.
Yunue Cárdenas precisa que estos riesgos en la salud no son un signo de debilidad de la persona trabajadora sino un cambio en las condiciones de vida y sociales que impactan en el bienestar de los trabajadores.
“Va a haber afectaciones a la salud: mayor estrés, mayor ansiedad, mayor riesgo de accidentes y no porque hoy seamos una generación más débil, sino las condiciones de vida y sociales han cambiado”, explica Cárdenas.
Sí, el reloj checador puede ser una herramientas de protección de los derechos y salud de los trabajadores si cae en las manos de organizaciones y líderes abiertos a probar y destacar sus beneficios antes que usarlo para vigilar y sancionar, de acuerdo con los especialistas.
Los registro electrónicos del tiempo trabajado visibilizará dónde hay sobrecargas de trabajo con el objetivo de resideñarlas y evitar riesgos psicosociales del exceso de tareas.
“Ya no hay manera de alterar esta situación y permite evidenciar incluso las horas extras reales que tengan. Y con ello pues se incrementa la protección”, dice Gutierrez Siles.
También es posible que disminuya la fatiga crónica, evitar conflictos por el pago de horas extra pues el registro será más transparente, el trabajador tendrá mejor control de sus actividades al saber que hay límites claros de entrada y salida, menor interferencia entre la vida personal y laboral, además de que la organización podrá rediseñar con mayores elementos los puestos de trabajo y sus necesidades.
Otras de las ventajas para los trabajadores es que los registros documentarán su exposición a jornadas excesivas, poner límites en organizaciones donde hay predisposición a que se trabaje más tiempo, agrega Yunuen Cárdenas.
Por tanto, el reloj checador no es sí mismo un problema sino el problema podría ser el modelo de gestión en la empresa. Los especialistas recomiendan integrarlo a otras políticas como el derecho a la desconexión digital, la regulación de mensajes fuera de horario laboral y capacitación en gestión y gerencia.
“Si no se acompaña esta medida importante en términos de derechos laborales podría convertirse como muchas otras se han convertido en medidas cosméticas que no resuelven los factores de riesgo psicosocial”, advierte Gutiérrez Siles.
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