Un laberinto de oscuridad, corrientes y sedimentos en Maldivas.

hace 53 minutos - NATURALEZA

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18 de Mayo, 2026-La cueva submarina que atrapó a cinco buzos-Las autoridades localizaron los cuerpos de los cuatro italianos desaparecidos en el atolón de Vaavu, pero recuperarlos sigue siendo un desafío extremo.


La cavidad, a casi 70 metros de profundidad, combina pasadizos estrechos, ausencia total de luz y fuertes corrientes que han desorientado incluso a buzos militares entrenados. Un sargento maldivo murió por enfermedad de descompresión durante las tareas de rescate, lo que evidencia los riesgos de un entorno que solo los especialistas más experimentados pueden enfrentar.

   La tragedia ya tiene coordenadas precisas. Este lunes, la Fuerza de Defensa Nacional de Maldivas confirmó que localizó los cuerpos de los cuatro buzos italianos que permanecían desaparecidos desde el pasado 14 de mayo en una cueva submarina del atolón de Vaavu. Los restos se suman al de Gianluca Benedetti, el instructor que fue hallado el viernes en la entrada de la cavidad. Las víctimas son Monica Montefalcone, profesora de ecología de la Universidad de Génova; su hija Giorgia Sommacal; el biólogo marino Federico Gualtieri; y la investigadora Muriel Oddenino. Un sexto integrante del grupo decidió no sumergirse y salvó su vida.

   Pero el hallazgo no cierra la los cuerpos yacen a unos sesenta o setenta metros de profundidad, en el interior de una red de galerías submarinas de aproximadamente doscientos sesenta metros de longitud. La operación de rescate, que se reanudará en los próximos días con buzos finlandeses y equipos especializados de Reino Unido y Australia, ya ha cobrado una víctima adicional. El sargento mayor Mohamed Mahudhee, uno de los buzos militares más experimentados de Maldivas, murió el sábado por enfermedad de descompresión tras ascender desde la cueva. Su compañero notó que algo fallaba cuando regresaban a la superficie; a pesar de los esfuerzos, no pudieron reanimarlo.


   ¿Qué hace de esta cueva un lugar tan letal? La respuesta está en la combinación de tres factores geológicos y físicos que transforman el buceo recreativo en una trampa mortal. En primer lugar, la profundidad. La boca de la cavidad se abre a casi cincuenta metros bajo la superficie, muy por debajo del límite máximo de treinta metros permitido para el buceo recreativo en Maldivas. A partir de los cuarenta metros, la narcosis por nitrógeno —un estado de intoxicación similar a la ebriedad— afecta el juicio, reduce la capacidad de reacción y puede inducir pánico.

   En segundo lugar, la morfología: se trata de un sistema de cuevas de origen kárstico sumergido, con pasadizos estrechos que se ensanchan de pronto en grandes cámaras, pero siempre en completa oscuridad. Sin una guía continua —una cuerda o línea de vida— es facilísimo perder la orientación. Y en tercer lugar, las corrientes. Los rescatistas describen flujos impredecibles y cambiantes que remueven el sedimento del fondo, reduciendo la visibilidad a casi cero. "Si tocas las paredes o el suelo, el agua se enturbia al instante y encontrar la salida se vuelve una pesadilla", explicó John Volanthen, el experto británico que participó en el rescate de los niños tailandeses en 2018.

   A todo ello se suma la propia naturaleza de la espeleología submarina. A diferencia del buceo en mar abierto, donde siempre se puede ascender verticalmente, dentro de una cueva el techo rocoso impide la salida directa. El buzo debe recorrer el mismo laberinto de ida y vuelta, consumiendo el doble de aire y acumulando más tiempo de descompresión. Ese fue probablemente el factor fatal para el grupo italiano. Aunque eran experimentados, las investigaciones preliminares indican que llevaban equipos de buceo recreativo estándar, no los equipos técnicos con mezclas de gases especiales y rebreathers que se requieren para inmersiones profundas en cuevas. El operador turístico, Albatros Top Boat, negó haber autorizado el descenso más allá de los treinta metros, lo que ahora es parte de la investigación judicial.

   Las hipótesis sobre la causa de la muerte aún son preliminares. Los expertos barajan desde un problema con la mezcla de oxígeno o la acumulación de dióxido de carbono, hasta una pérdida de orientación colectiva desencadenada por una corriente inesperada. También se menciona la posibilidad de que uno de los buzos entrara en pánico y arrastrara al resto. Pero lo que ya está claro es que la geología de la cueva convirtió un error en una sentencia. Las autoridades maldivas suspendieron la licencia del barco y prometieron una investigación a fondo. Mientras tanto, las familias italianas esperan que los cuerpos puedan ser rescatados sin más pérdidas. La lección, una vez más, es que el fondo del mar guarda bellezas y peligros en igual medida, y que las cuevas sumergidas no perdonan las imprudencias.

Fuente: diarionorte.com


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