











La inflación de julio fue del 2,1%.





Hay temas que la ciencia tarda décadas en abordar porque, simplemente, a nadie se le ocurre preguntar. La relación entre el hábito de ir al baño y la capacidad de pensar con claridad es uno de ellos. Hasta ahora.
Un equipo de investigadores decidió tomar en serio una sospecha que muchos atletas conocen por experiencia propia: correr con el recto vacío no solo se siente mejor, sino que permite rendir más. Y no solo físicamente. El cerebro también se beneficia. Los resultados, publicados en la revista Sports Medicine and Health Science, revelan que defecar mejora el rendimiento cognitivo entre un 10% y un 14%, y el rendimiento deportivo hasta un 17%.
Tres condiciones, un mismo test
El estudio, liderado por investigadores que analizaron a 13 triatletas de élite, utilizó un diseño ingenioso: los participantes realizaron la prueba de Stroop, un clásico de la neuropsicología que mide atención selectiva, control ejecutivo y flexibilidad cognitiva, en tres condiciones distintas: sin haber defecado, tras una defecación espontánea y tras una defecación inducida por óxido de magnesio.
Los resultados fueron contundentes. En la condición sin defecación, los atletas tardaban un promedio de 27,1 segundos en completar la prueba. Tras defecar de forma natural, el tiempo bajó a 24,4 segundos. Y cuando la defecación fue facilitada por el suplemento de magnesio, el rendimiento mejoró aún más: 23,4 segundos. El 100% de los participantes mejoró su rendimiento tras la defecación inducida por magnesio, y el 69% también lo hizo tras la defecación espontánea.
No es una mejora marginal. Hablamos de hasta un 14% de diferencia en la velocidad de procesamiento cognitivo. En un deporte de alto rendimiento, donde las decisiones en fracciones de segundo pueden definir una carrera, eso es una ventaja enorme.
¿Qué pasa en el cerebro cuando el recto está lleno?
La pregunta siguiente es obvia: ¿por qué ocurre esto? Los investigadores midieron la oxigenación y la distribución de sangre en dos zonas clave: la corteza prefrontal, la región del cerebro encargada del control ejecutivo y la toma de decisiones, y la región subumbilical, justo debajo del ombligo.
La sorpresa fue que no detectaron cambios relevantes en la oxigenación de la corteza prefrontal durante la prueba cognitiva. En cambio, observaron un aumento en el consumo de oxígeno en la región subumbilical después de defecar. Es decir, el cerebro no parecía estar recibiendo más sangre, pero algo estaba cambiando en la zona abdominal.
La explicación probable tiene que ver con la competencia por los recursos del cuerpo. La distensión rectal —el simple hecho de tener heces en el recto— activa el sistema nervioso autónomo, el mismo que controla funciones involuntarias como la presión arterial o la digestión. Esa activación genera una competencia por el flujo sanguíneo entre el intestino y el cerebro. Cuando el recto está lleno, una parte de la sangre se desvía hacia la zona abdominal para manejar la distensión. Al evacuar, esa competencia desaparece y el cerebro recupera recursos.
Pero hay más. El estudio sugiere que el estado del recto influye en el rendimiento cognitivo a través de mecanismos relacionados con la presión y el metabolismo local de la región subumbilical. En otras palabras: el cerebro y el intestino están en constante diálogo, y la presencia de heces en el recto es una señal que el sistema nervioso central no puede ignorar.
Una conexión que ya se intuía
Este no es un hallazgo aislado. Investigaciones previas ya habían asociado el estreñimiento con una función cognitiva disminuida, lo que apuntaba a una posible "conexión recto-cerebro". Lo que hace único a este estudio es que demuestra un vínculo causal: no es que quienes tienen mala función cognitiva tiendan a estreñirse, sino que el acto de defecar mejora de forma aguda la capacidad de pensar.
El estudio también abre una puerta fascinante: el uso del magnesio como herramienta para optimizar el rendimiento cognitivo en situaciones de alta exigencia. Los autores sugieren que la suplementación con magnesio para mejorar el vaciado rectal presenta una aplicación novedosa para optimizar la función cognitiva en atletas que enfrentan condiciones de carrera complejas.
Qué significa esto para el resto de los mortales
Más allá del deporte de élite, este hallazgo tiene implicaciones para cualquiera que quiera rendir mejor en su trabajo, sus estudios o su vida cotidiana. Si una mañana importante —una reunión, un examen, una presentación— comienza con una visita al baño, es probable que el cerebro funcione con mayor claridad.
No se trata de obsesionarse ni de generar ansiedad en torno a un proceso natural. Pero sí de prestar atención a una señal que el cuerpo envía y que a menudo ignoramos. La ciencia empieza a confirmar lo que el sentido común ya sugería: un cuerpo cómodo es un cerebro más despejado.
Como ocurre con tantos descubrimientos, lo más revolucionario no es lo que se encontró, sino que a nadie se le hubiera ocurrido buscarlo antes. La conexión entre el recto y el cerebro estaba ahí, silenciosa, esperando que alguien decidiera tomarla en serio. Ahora que la ciencia la ha confirmado, tal vez sea hora de que también nosotros le prestemos atención.
Fuente: diarionorte.com