












"Los chicos están blindados en el mundo tangible, pero completamente expuestos y huérfanos de acompañamiento en el mundo online", sentenció en diálogo con el portal Comodorense Stream.
Para graficar esta desconexión, Schujman recurre a una pregunta clave que suele lanzar a los padres: ¿Conocen Omegle TV? Esta plataforma de videollamadas aleatorias, popular entre los adolescentes globales, se ha convertido en su termómetro favorito para medir la brecha generacional. "Yo mismo descubrí esta web gracias a los jóvenes. Es un espacio donde se conectan mediante videollamadas al azar con desconocidos de cualquier rincón del planeta", detalló el especialista.
El peligro, según advierte, reside en la volatilidad de estas interacciones, donde el tono puede virar drásticamente en apenas un parpadeo. "Enciendes la cámara, accedes al sitio y, de repente, estás charlando con un tierno niño de 10 años en Australia que juega con canguros; pero con un simple clic, te topas con un depredador sexual de 40 años en Boston". Frente a esta realidad, Schujman remarcó la asimetría abismal: los chicos manejan estas herramientas con total naturalidad, mientras que los padres, en su gran mayoría, ni siquiera saben que existen.
En este contexto, el psicólogo trajo a colación la exitosa serie Adolescencia para reforzar su advertencia sobre el impacto corrosivo que las redes pueden tener en la psique juvenil. "La serie refleja con crudeza lo hostil que puede llegar a ser el ecosistema virtual. El verdadero factor de protección, ineludiblemente, somos los adultos", enfatizó.
Schujman también aprovechó para compartir los objetivos de su propuesta teatral, una iniciativa que busca, según sus palabras, reconstruir el puente entre generaciones. "Es una invitación a empoderar a los padres—y esto suena casi mesiánico, pero nace de la absoluta humildad—para que recuperen la certeza de que su voz tiene gravitación, y simultáneamente, ceder el micrófono a los hijos para que aprendan a pedir auxilio".
Para cerrar, el especialista instó a las familias a romper con la barrera digital y sumergirse activamente en el universo de los adolescentes, desterrando la noción de que el límite es un castigo. "El límite, bien entendido, es el acto más puro de amor y resguardo. Los adultos debemos acercarnos mucho más a ellos y meternos de lleno en su mundo, no para espiarlos, sino para cuidarlos", concluyó.
Fuente: diarionorte.com











