hace 59 minutos - MUNDO
De todas las hipótesis sobre el objetivo de Peter Thiel en Argentina, las inversiones en agronegocios fueron confirmadas por Javier Milei y la intención de conocer el experimento libertario es lo que había dicho en su momento, tras otra visita de Thiel al país, Alec Oxenford, actual embajador argentino en Estados Unidos.
También, según reportes periodísticos locales, habría comprado una casa en Barrio Parque, una de las zonas más exclusivas de Buenos Aires, por unos 12 millones de dólares, una cifra especialmente abultada para el mercado local por una propiedad que no es la más lujosa ni más grande que se encuentra en la capital argentina. Allí estaría viviendo con su familia, supuestamente por unos dos meses, como aseguran reportes periodísticos, rodeados de asistentes y personal de seguridad. Tal vez se quede por más tiempo; también se ha escuchado decir que está en búsqueda de escuela para sus hijas.
Thiel fue uno de los grandes aliados tecnológicos de la primera ola trumpista y mantiene un vínculo especialmente estrecho con el vicepresidente de Trump, JD Vance, a quien conoce desde 2011. El presidente de Argentina, Javier Milei, prometió desde el inicio que las únicas relaciones especiales en materia exterior que tendría su país con él como primer mandatario serían con Estados Unidos e Israel. En el caso del primero, además, se ven reforzadas por su afinidad con Donald Trump. En casi dos años y medio de mandato, Milei viajó 17 veces a EE.UU. y se reunió en varias ocasiones con Trump.
El 23 de abril, Thiel visitó a Milei en la Casa Rosada; lo acompañaron su pareja Matt Danzeisen, quien también es administrador de Thiel Capital, y Matías Van Thienen, socio de Founders Fund, otro de los fondos de inversión de Thiel. El empresario ya había manifestado interés por las posiciones anarco-capitalistas y libertarias del presidente argentino, y ya se habían reunido en 2024.
Más tarde ese día, Milei concedió una entrevista al canal de streaming Neura, en la que dijo que Thiel tiene intereses en el sector de agronegocios, que es uno de los principales motores económicos de Argentina. Sin embargo, no dio más detalles que permitan saber si el empresario tiene otros planes de negocios en el país o si busca cerrar contratos con el Estado argentino. Sí volvió a insistir en el interés que Thiel tiene en su proyecto político-económico. Por su parte, según reportes de la prensa local, el inversor se reunió con otros miembros del equipo de Milei y fue a ver el superclásico del fútbol argentino River-Boca.
Cálculo frío, riesgo minimizado
Thiel nació en Alemania y creció en Estados Unidos, donde estudió filosofía y derecho en la Universidad de Stanford, donde ya se mostraba como una combinación de conservador, libertario y crítico del multiculturalismo y lo políticamente correcto. Es fundamentalmente un inversor, que tuvo especial éxito con PayPal, junto a Elon Musk y otros, y Facebook.
También con Palantir, su empresa insignia, dedicada a analizar grandes volúmenes de información para agencias de seguridad y las fuerzas armadas estadounidenses, que hoy tiene una valuación de unos 300.000 millones de dólares. Palantir nació, en parte, de aprendizajes desarrollados en PayPal para detectar fraudes: la combinación de software y análisis humano para encontrar patrones en grandes volúmenes de datos. Esa lógica fue luego ofrecida a agencias de defensa, inteligencia y seguridad. Poco a poco logró consolidar la marca, que hoy tiene contratos millonarios.
En su biografía de Elon Musk, Walter Isaacson presenta al fundador de Tesla como una suerte de adicto al riesgo extremo, pero dice que Thiel, el Thiel que compartió con Musk su paso por PayPal, no era así, sino alguien que se inclinaba por calcular con frialdad las opciones y minimizar el riesgo.
Palantir implicó una bisagra en la historia del inversor, según escribió Max Chafkin en "The Contrarian", la biografía de Peter Thiel: "Por años, Thiel había proyectado más poder del que realmente tenía –publicaba libros por cuenta propia, pagaba para dar conferencias, esencialmente pagaba para tener influencia como y donde fuera–, pero ahora, con el ascenso y éxito de Palantir, de repente tenía influencia". Esa influencia viene acompañada de una visión que atraviesa a los magnates de Silicon Valley, y que Thiel fundó, según Chafkin: el progreso tecnológico no debe quedar subordinado a los frenos tradicionales de la política, la regulación o el consenso social.
Similitudes y diferencias
Argentina ofrece recursos estratégicos para sectores tecnológicos e industriales, como litio y cobre, además de oportunidades mineras más tradicionales, como el oro. En los últimos años, además, algunos empresarios globales han empezado a mirar la Patagonia y otras zonas del sur como posibles refugios ante escenarios de crisis global, una idea que mezcla planificación patrimonial, fantasía apocalíptica y negocio inmobiliario.
Tal vez Thiel quiera aprovechar el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones del gobierno Milei, que da beneficios aduaneros, cambiarios y fiscales a proyectos de inversión mayores a los 200 millones de dólares en ciertos sectores, que se han ido ampliando.
La ideología de Thiel, dice Chafkin, es complicada y hasta contradictoria: "combina una obsesión hacia el progreso tecnológico con políticas nacionalistas"; es un hombre que, más allá de los millones, siempre quiso tener también poder político, algo que llegó con Palantir y su cercanía a Trump.
Aunque ambos suelen ser ubicados dentro del amplio universo libertario, no son equivalentes. Thiel combina desconfianza hacia el Estado regulador y nacionalismo tecnológico. Milei, en cambio, sostiene una retórica más abiertamente antiestatal y aperturista, aunque mezclada con posiciones conservadoras en el plano cultural.
Alexander Karp, cofundador y director ejecutivo de Palantir, escribió: "El mercado es un poderoso motor de destrucción, creativa y de otro tipo, pero con frecuencia es incapaz de ofrecer lo que más se necesita en el momento oportuno". Palantir no es una empresa libertaria en el sentido más simple de "menos Estado". Buena parte de su negocio depende, precisamente, de las inversiones estatales en defensa, seguridad e inteligencia.
Thiel y Milei sí comparten un cierto prejuicio hacia la prensa. Hacer una "Peter Thiel" se volvió en ciertos círculos sinónimo de ir judicialmente contra un medio para llevarlo a la bancarrota, cuenta Chafkin, quien recuerda cómo Thiel hizo exactamente eso con el medio digital Gawker. Milei, por su parte, repite en forma recurrente la frase "no odiamos lo suficiente a los periodistas" y arremete cotidianamente contra la prensa.
Por otra parte, el gobierno de Milei ha impulsado herramientas y estructuras estatales vinculadas con vigilancia digital, inteligencia artificial y acceso a datos públicos, en los que Palantir podría ofrecer sus capacidades y servicios, algo que no está claro si ocurrirá. En 2024, el gobierno argentino creó una Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a la Seguridad, para prevenir posibles delitos a través del monitoreo de redes sociales y otras plataformas digitales. En 2026, además, nuevas disposiciones ampliaron capacidades de acceso o intercambio de información estatal por parte del sistema de inteligencia, según la interpretación de especialistas y organizaciones críticas.
Quizá parte del poder de Thiel consista justamente en eso: en que su sola presencia alcanza para que gobiernos, empresarios, opositores y periodistas se pregunten por contratos, inversiones, operaciones políticas o sistemas de vigilancia. Algunas de esas hipótesis pueden ser ciertas; otras, no. Pero todas alimentan la misma imagen: la de un empresario y una compañía, Palantir, con muchísimo poder.
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