¿Está preparado el Perú para su propia vejez?, por Jorge Solari

hace 47 minutos - MUNDO


__Por el doctor Jorge Solari, CMP 18951__*

El envejecimiento poblacional en el Perú ha dejado de ser una proyección para convertirse en una realidad estructural que interpela directamente la organización del sistema sanitario. Esta transición demográfica no solo incrementa la demanda de servicios, sino que redefine su naturaleza, pues exige respuestas más complejas, integrales y sostenidas en el tiempo.

En este contexto, la Geriatría emerge no como una especialidad complementaria, sino como una disciplina estratégica para garantizar una atención centrada en la persona, orientada a preservar la funcionalidad, la autonomía y la calidad de vida en la vejez.

Sin embargo, a pesar de la evidencia disponible y del consenso técnico acumulado, su desarrollo en el país continúa enfrentando limitaciones que no responden tanto a la falta de conocimiento, sino a desafíos organizacionales, laborales y, en última instancia, a la necesidad de decisiones institucionales más decididas.

La Geriatría como enfoque integrador del cuidado

Persisten aún percepciones que tienden a reducir la Geriatría a una práctica superpuesta a otras especialidades. No obstante, su aporte radica precisamente en su capacidad de integrar dimensiones clínicas, funcionales, cognitivas y sociales, ofreciendo una comprensión más completa del proceso salud-enfermedad en las personas mayores.

Este enfoque no sustituye a otras disciplinas; por el contrario, las articula, optimiza la toma de decisiones clínicas y contribuye a resultados más favorables tanto para los pacientes como para el sistema. En ausencia de esta mirada integral, la atención tiende a fragmentarse, con consecuencias previsibles: mayor riesgo de complicaciones, reingresos y deterioro funcional.

Más allá de la formalidad: la necesidad de impacto real

Uno de los desafíos más relevantes radica en evitar que el desarrollo de la Geriatría se limite a una formalización administrativa sin traducción efectiva en resultados en salud. La creación de unidades o servicios, si bien necesaria, resulta insuficiente si no se acompaña de una evaluación rigurosa de su impacto.

La pregunta que debe orientar la acción institucional es clara: ¿en qué medida la implementación de la Geriatría mejora la funcionalidad, reduce la fragilidad, evita hospitalizaciones innecesarias y fortalece la seguridad del paciente?

Responder a esta interrogante exige incorporar una cultura de evaluación continua, basada en indicadores relevantes y en una gestión orientada a resultados.

Hacia un modelo de atención en red

La evidencia contemporánea sugiere que los mejores resultados en salud para las personas mayores se alcanzan a través de modelos integrados de atención. En este sentido, el desarrollo de servicios hospitalarios debe complementarse con el fortalecimiento del primer nivel y la articulación de redes asistenciales.

Una red geriátrica funcional permite intervenir tempranamente, prevenir la progresión de la fragilidad, garantizar la continuidad del cuidado y reducir la presión sobre los servicios de emergencia. Este enfoque no solo es clínicamente pertinente, sino también eficiente desde el punto de vista de la sostenibilidad del sistema.

El recurso humano como pilar de la transformación

Ninguna estrategia sanitaria puede sostenerse sin un recurso humano adecuadamente valorado y protegido. La Geriatría, por su propia naturaleza, requiere equipos estables, con tiempo clínico suficiente y condiciones laborales que permitan el desarrollo de una práctica compleja y continua.

La precariedad laboral no solo representa una inequidad, sino que compromete directamente la calidad de la atención. Por ello, fortalecer la Geriatría implica también garantizar condiciones dignas para quienes la ejercen.

Construir capacidades: hacia la geriatrización del sistema

Otro componente fundamental es la formación y capacitación del conjunto del equipo de salud. En un contexto de creciente demanda, resulta indispensable que los principios básicos del enfoque geriátrico sean incorporados por profesionales no especialistas.

Este proceso, lejos de diluir la especialidad, amplía su alcance y contribuye a construir un sistema más preparado para responder al envejecimiento poblacional.

Una agenda posible y necesaria

Frente a este escenario, es posible delinear una agenda de acción basada en principios claros:

Consolidar servicios geriátricos en hospitales de referencia con objetivos y recursos definidos.

Desarrollar redes de atención integradas que articulen niveles asistenciales.

Garantizar condiciones laborales adecuadas para el personal especializado.

Implementar sistemas de evaluación de impacto centrados en resultados en salud.

Fortalecer la capacitación y formación continua del equipo sanitario.

Promover la investigación aplicada que permita generar evidencia local.

Reflexión final: una oportunidad para avanzar

El envejecimiento poblacional representa uno de los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo, pero también una oportunidad para reorientar el sistema de salud hacia modelos más humanos, eficientes y sostenibles.

La Geriatría ofrece una base sólida, tanto científica como ética, para avanzar en esa dirección. Su fortalecimiento no debe entenderse como una reivindicación sectorial, sino como una estrategia de salud pública orientada al bienestar colectivo.

El reto, por tanto, no es conceptual, sino decisional. Avanzar requerirá voluntad, coordinación y una visión de largo plazo. Pero también supone reconocer que cada paso en esta dirección contribuye a construir un sistema más justo, coherente con la realidad demográfica y comprometido con la dignidad de las personas.

El Perú ya está envejeciendo. La oportunidad está en cómo decidimos acompañar ese proceso.

Fuente: google.com