50% de la caída en ventas de gas natural en sectores industrial y comercial en Colombia se trasladó al GLP

hace 1 hora - MUNDO


En medio de un mercado energético tensionado por la caída en la oferta de gas natural y la volatilidad internacional, el gas licuado de petróleo (GLP) empieza a consolidarse como una alternativa relevante en Colombia. Así lo confirmó Alejandro Martínez Villegas, presidente de Gasnova, gremio que agrupa el 78% del mercado del GLP envasado y 42% en redes de distribución en Colombia, en diálogo con este medio.

Según Martínez, en 2025, la demanda de GLP creció 7,6% frente a 2024, jalonada por el dinamismo de la industria y el comercio, que registraron un aumento de 16,2%, mientras el segmento residencial avanzó 2,5%.

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“En efecto, desde el 2017, en el sector del GLP, las empresas distribuidoras tenían conocimiento de que la producción de gas natural y de GLP de Cusiana y Cupiagua disminuiría. Por lo tanto, tomaron decisiones de inversión para aumentar la capacidad de importación de GLP desde los Estados Unidos, para atender esa disminución en la oferta nacional. Ahora están realizando inversiones para ampliar aún más esa capacidad de importación, con el fin de atender también la nueva demanda, el nuevo consumo que está surgiendo del sector industrial y del comercial, por la sustitución que están haciendo de gas natural por GLP”.

“Esta sustitución se da porque el gas natural está teniendo retos en materia de abastecimiento, lo que nos ha llevado también a importar. Pero hay una diferencia importante con ese mercado, el gas natural tenía precios de formación nacional y se podía vender a 4, 5 o 6 dólares el millón de BTU, que es la unidad británica que se usa para medir el poder calorífico de los energéticos y poderlos comparar. Ahora que les está tocando importar, esas importaciones están saliendo a 10, 11 o 12 dólares el millón de BTU.

Eso ha vuelto al GLP competitivo, lo cual ha llevado a que muchos empresarios del sector industrial y del sector comercial se estén pasando al GLP, sustituyendo gas natural. Se calcula que el 50% de la disminución de las ventas que está teniendo el gas natural en estos sectores se está trasladando al GLP, que es un combustible limpio, así catalogado a nivel internacional y nacional”.

“Desde hace unos tres años, y tal vez con mayor fuerza hacia finales de 2024, ya se ve un impacto muy fuerte en el incremento del consumo. En 2025, el incremento fue del 16% en el consumo del sector industrial en GLP frente a 2024, y ahora, en febrero de 2026 (último dato), hemos visto un incremento del 18%. Con lo cual, los industriales están viendo en el GLP una parte de la solución a los retos que están teniendo en el abastecimiento de gas natural”.

“Afortunadamente, las empresas distribuidoras de GLP se anticiparon a esta situación y realizaron inversiones para poder importar GLP desde los Estados Unidos. Como en este sector hemos tenido el precio internacional desde hace muchos años, porque el precio está regulado con base en el del petróleo y esa referencia es el precio del GLP en los Estados Unidos, no ha habido sobresaltos al aumentarse las importaciones de GLP, a diferencia de lo que ha pasado en el gas natural.

Por eso, este nivel de inversiones y esta posibilidad de importar sin sobresaltos en el precio, ha ayudado a que al país pueda tener una alternativa, una parte de la solución a los retos que enfrenta en materia de abastecimiento de gas natural. Entonces, para nosotros en el sector del GLP es importante que se esté dando esta capacidad de respuesta para atender las necesidades de consumo del sector industrial y comercial. Ahora, tratándose de un problema estructural en materia de gas natural, pues obviamente los precios seguirán siendo altos”.

“Creo que el gas natural barato ya se acabó en el país, a menos que aparezcan reservas continentales, porque las reservas en el mar son muy costosas. Entonces, tratándose de una situación estructural, la perspectiva es que el sector pueda seguir ayudando a la solución de las necesidades energéticas de los diferentes sectores en el país”.

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“Esa situación de disminución de las reservas se ha venido proyectando desde hace más de una década. Todo el mundo en el sector minero-energético lo sabía y, por eso, los diferentes gobiernos tomaron medidas diversas para tratar de incentivar las inversiones exploratorias, con el fin de que aparecieran nuevas reservas. Digamos que la situación no la generó este gobierno, pero este gobierno no dio ninguna solución. Por el contrario, lo que hizo fue prohibir la firma de nuevos contratos para explorar en busca de nuevas reservas, y eso agrava la situación.

Porque la solución que tendría el país es encontrar nuevas reservas, desarrollarlas y, obviamente, ese gas sería más barato, además de generar impuestos y regalías para Colombia. Pero este gobierno, desafortunadamente, prohibió la celebración de nuevos contratos y, entonces, la solución se ha postergado a que llegue un nuevo gobierno que ojalá permita firmarlos y poder tener los descubrimientos de nuevas reservas que el país requiere”.

“La transición energética no puede darse en forma abrupta. La palabra habla por sí sola es transición. Eso implica ir aprovechando los recursos naturales no renovables que tengamos en el subsuelo, no solamente para abastecer de energía, mantener la soberanía energética del país y atacar la pobreza energética, sino también para poder financiar la misma transición. Este gobierno, a mi juicio, en forma apresurada quiso hacer una, entre comillas, transición enormemente rápida, generándole problemas al país, porque los proyectos de energías renovables no han ido al mismo ritmo.

Entonces, estamos en una situación crítica. De hecho, se habla ya de un déficit en la oferta de energía eléctrica y, de presentarse el fenómeno de El Niño en el segundo semestre de este año, el país se vería en problemas complejos en materia de abastecimiento de energía eléctrica. Frente a esta problemática y la necesidad, en particular, de contar con mayor oferta de gas natural, lo que estamos viendo es que muchos empresarios se están yendo al GLP, que es un combustible limpio. Eso no está en discusión.

Así ha sido definido, por ejemplo, en la COP25 el año pasado, donde se reconoció como combustible limpio para cocinar, y Colombia, desde hace más de un año, lo considera también un combustible limpio en materia de movilidad. En conclusión, el GLP es considerado, a nivel nacional e internacional, como un combustible limpio. Ahora, la gente también se está pasando a otras fuentes energéticas, como el carbón, y allí están apareciendo nuevas tecnologías para mitigar el impacto en el medio ambiente.

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“Lo que yo creo es que la concepción de la transición energética debe ser gradual, para que el país pueda seguir aprovechando sus recursos energéticos y no pretender que Colombia asuma un costo impagable por solucionar el problema de calentamiento global que no están asumiendo las grandes economías.

Por eso, hay que ir haciéndolo paso a paso, para que Colombia pueda aprovechar su carbón, su diésel, su fuel oil, obviamente tomando las medidas y utilizando las tecnologías apropiadas, pero sin dar un salto supremamente apresurado que genere impactos negativos en la economía colombiana”.

“Es importante que esos proyectos de importación de gas natural se realicen y se ejecuten dentro de los programas previstos. Nos preocupa que algunos ya estén anunciando demoras, y es clave que lleguen dentro del cronograma para evitar problemas de déficit en el abastecimiento de gas natural en el país.

Ahora, en todo caso, la importación implica pagar el precio internacional, incluso el gas que pudiera venir de Venezuela. No veo razonable pensar que una compañía petrolera, por ejemplo de los Estados Unidos, decida producir gas natural en Venezuela y venderlo a Colombia a un precio que no sea el internacional, es decir, subsidiado. Obviamente, saldría más barato por el tema de transporte, frente a tener que traerlo desde Houston, en los Estados Unidos. Sin embargo, en todo caso, es precio internacional”.

“Los precios del GLP, según las proyecciones que teníamos antes de la guerra de los Estados Unidos con Irán, mostraban una estabilidad hacia el futuro en los próximos años. Con la guerra, obviamente, se han generado problemas fuertes en el mercado internacional de los hidrocarburos. Vemos cómo tanto el petróleo crudo como el gas natural han tenido incrementos sustantivos en los precios, particularmente en Asia y en Europa. En los Estados Unidos, en particular con respecto al GLP, que es de donde nosotros importamos, el impacto no ha sido de esa magnitud.

Esto se debe a que los Estados Unidos no tienen la infraestructura portuaria para exportar lo que Asia o Europa demandan en el contexto de la guerra. Como no han podido sacar el producto, la oferta ha estado limitada al mercado interno, con lo cual los precios se han mantenido relativamente estables. Como nosotros tenemos contratos de importación y no estamos comprando en el mercado spot, esos precios se han mantenido relativamente estables. De hecho, los precios que tenemos ahora, provenientes del gas importado desde los Estados Unidos, son menores a los que había en 2021 y 2022. Aquí no ha habido sobresaltos. El mercado del GLP venía acostumbrado a los precios internacionales, y esos, que son los de los Estados Unidos, están estables incluso en momentos de guerra”.

“Claro, si la guerra se prolonga y los impactos se mantienen, podría haber un problema en los precios. Pero todo indica que no va a tener una duración mayor, entre otras cosas por los problemas que tiene el gobierno de los Estados Unidos frente a las elecciones que se realizarán en el segundo semestre, donde el gobierno no va a querer tener precios altos de la gasolina, porque eso podría tener un impacto en las urnas. Así que, hasta el momento, no hemos tenido un impacto tan fuerte como sí se ha visto en el gas natural a nivel mundial, y esperamos que la guerra no tenga una duración tan larga, para que no se presenten problemas como los que se han visto en otros energéticos en otras latitudes”.

“Aun cuando las compañías se han venido preparando, y se anticiparon desde 2017 para poder importar y definir la infraestructura portuaria, esta nueva demanda del sector industrial y comercial sí ha implicado retos importantes, especialmente en la capacidad de almacenamiento en los puertos, pero sobre todo en el transporte para la internación dentro del país, porque implica una logística muy compleja. Hasta el momento, las compañías han podido y han garantizado un suministro confiable. Esperaríamos, eso sí, que el nuevo gobierno tome medidas para que, por ejemplo, se pueda transportar el GLP por ductos o por tren, de forma tal que tengamos mayores eficiencias en el transporte y en la atención de la nueva demanda. Además, que haya una mayor claridad y una decisión política más fuerte de considerar el GLP como una parte fundamental de la transición energética en la nueva canasta energética del país”.

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“Antioquia es el principal consumidor de GLP en el país, y eso que no tiene subsidio al consumo. Eso es algo que el nuevo gobierno debería considerar, establecer subsidios al consumo en cilindros para los estratos 1 y 2, como sucede en los demás servicios públicos. Es un combustible que tiene un gran impacto social, porque lo consume la población más vulnerable, y Antioquia, siendo el departamento que más consume GLP, debería contar con esos subsidios para los estratos 1 y 2. Ojalá esta medida se pueda dar y se cuente con esa política pública para atacar la pobreza energética en el departamento”.