hace 1 hora - MUNDO
La relación entre México y Estados Unidos se tendría que reanimar (en términos digitales, resetear).
Cuatro elementos, son prioritarios.
El primero de ellos consiste en atender una especie de trastorno de identidad disociativo, es decir, eliminar la doble personalidad de la relación mexicana frente a Estados Unidos.
La relación con el vecino no debe de ser llevada a través de un guion especial para las conferencias de prensa porque en la vida real se tiene otro tipo de interacción con la administración del presidente Trump y con el Capitolio.
El Estado mexicano se encuentra debilitado por la expansión de las mafias y el debilitamiento de la democracia. La asimetría deja extremadamente vulnerable al gobierno de la presidenta Sheinbaum, quien paradójicamente, al igual que le ocurrió a AMLO, mientras más poder concentra en sus manos (autocracia electoral), más debilitado se encuentra el Estado. La correlación debe de ser una llamada de atención. El caso reciente de los agentes de la CIA en Chihuahua, es un ejemplo sobre la vulnerabilidad del gobierno. O qué decir del reporte elaborado por el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU.
México sí requiere de ayuda del exterior. Hay que reconocerlo. El Estado ha perdido control del territorio desde hace dos décadas.
El segundo elemento es el reconocimiento de la existencia de una batalla dogmática entre las diplomacias estadounidense y mexicana.
Ambas diplomacias son selectivas en función de su respectivo signo político; existen los amigos y los enemigos. Unos viajan a Miami y otros a Barcelona. La historia se repite: el Grupo de Lima frente al Grupo de Puebla. México está perdiendo a América Latina; Estados Unidos la está ganando. Las diplomacias de México y la de Estados Unidos son antagonistas.
El tercer elemento es fundamental: los presidentes requieren de encuentros personales en Washington y en la Ciudad de México. Las llamadas telefónicas nunca serán perfectos sustitutos a los encuentros cara a cara. Es urgente preparar una visita a Washington.
El cuarto elemento es la confianza. Se debe de regenerar. No es fácil. Estados Unidos está en guerra. El escenario es excepcional.
Roberto Velasco tiene la enorme tarea de trabajar en estos cuatro elementos. No es sencillo. Se requiere de un cambio de paradigma.
No será fácil transitar de la diplomacia dogmática a una diplomacia de Estado. Pero hacerlo, ayudará. Hay que empezar con la reactivación de las relaciones con Perú y Ecuador.
El viaje de la presidenta Sheinbaum a Barcelona no era una misión sencilla, principalmente por la polarización que existe entre el PSOE y el PP, y por la mala relación entre Sánchez con Trump.
Urge un cambio de estrategia.
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