hace 51 minutos - MUNDO
El más grande de nuestros presidentes, Ramón Castilla, cuando apenas tenía 20 años, atravesó a pie la Amazonía. Salió de Río de Janeiro el 16 de abril de 1818 y, a su paso por tierras y ríos endemoniados, halló flora y fauna desconocida; fue preso en un quilombo de esclavos libertos y oyó hablar con miedo de las llamadas “amazonas”.
¿Existen o existieron esas temibles guerreras en el Perú? Si esa pregunta fuera planteada en tiempo pasado, la respuesta sería categóricamente positiva.
En 1542, durante su exploración de las selvas sudamericanas, Francisco de Orellana (1511-1546) aparentemente tuvo contacto con ellas, y no fue precisamente amoroso. Una tribu de feroces guerreras se enfrentó a los españoles. El encuentro, por fortuna para ellos, no tuvo mayores consecuencias.
Como se sabe, Orellana ha sido el primer descubridor de la Amazonía, ese mundo fantástico cuya presencia parece tragarse casi todo el mapa de América del Sur.
Pero, ¿quiénes son las amazonas, de dónde viene el nombre del río? En las leyendas griegas, de donde proviene la conjetura de su existencia, las amazonas son mujeres indómitas que forman comunidades apartadas de los hombres.
¿Dónde vivían si vivían y cómo eran si eran? Eran, según las describe Heródoto, muy delgadas, de profundas ojeras y de una soledad irremisible como algunas peruanas y españolas de hoy. Al combatir, saltaban del caballo y permanecían un momento en el aire como si estuvieran bailando ballet. Habitaban una suerte de cuarteles en terrenos cercanos al mar Negro.
La leyenda las ubica en las estepas euroasiáticas y se asegura que cabalgaban tras de tribus nómadas dedicadas a la cacería de bisontes. Profesaban gran amor por sus perros de caza y se hacían enterrar con sus armas preferidas.
Aunque Heródoto las ubica en Escitia, Diodoro vio a Heracles derrotándolas en Temiscira. Filóstrato las sitúa en los montes de Tauro. Por fin, según Procopio, habitan el Cáucaso. En realidad, si es que la realidad existe para ellas, están en todas partes, y acaso también en ninguna.
Es normal pues que, influidos por la formación grecolatina, los conquistadores españoles del Nuevo Mundo quisieran encontrar aquí las imágenes que la historia ubica en Grecia. Esta es la razón por la cual el río más caudaloso del mundo fue bautizado con el nombre de las fantásticas guerreras.
En la crónica del padre Gaspar de Carvajal, se narra la conversación entre Francisco de Orellana y un indio quien dijo que aquellas eran unas mujeres que residían en la tierra adentro siete jornadas de la costa.
La pregunta de Orellana es racional. ¿Cómo se explica que no estando casadas ni residiendo hombre entre ellas, pudieran reproducirse? La respuesta es simple:
“Las amazonas invaden otros reinos y se llevan muchos hombres presos a quienes obligan a fecundarlas. Después que se hallan preñadas, los tornan a enviar a su tierra sin hacerles otro mal”.
Por fin, pasado el tiempo del embarazo, si paren hijo lo matan o lo envían a la comunidad paterna. En cambio, si es hija, la crían con gran solemnidad y le enseñan el arte de la guerra.
Fue en el reino de los Omaguas, en la selva norte del actual Perú, donde se sitúa su existencia.
En mi investigación para escribir El largo viaje de Castilla, me encontré con una descripción sobre el mundo de las amazonas que textualmente dice:
“¿Las amazonas? De un momento a otro, el paisaje cambió. El paraíso que tenían enfrente era un paraíso ciego y sordo. No cantaban pájaros. No crecían manzanas. No había naranjas, melones, vides, plátanos, jaguares, carneros, serpientes, deseos ni ilusiones. Todo era así hasta el horizonte. La canoa que se balanceaba frente a ellos parecía guardar un secreto inquietante. Era el reino de las amazonas”.
Hacia fines del siglo XX, conocí a un sacerdote misionero de luenga barba llamado Pedro Vera Vílchez quien, durante sus sermones, daba cuenta de lo que sucedió en el tiempo en que fue preso de las atroces guerreras.
Durante sus charlas piadosas, Fray Pedro recordaba con lágrimas que una gruesa Biblia le sirvió para ocultar sus vergüenzas y, a la vez, evangelizar a esas peligrosas mujeres.
Esa es la última información que tenemos. Tal vez, quienes tengan otras novedades se atrevan un día a confesarlas.
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