La Habana, 18 jul (EFE).- La llegada del verano en Cuba se convierte en una prueba de resistencia para las familias que -en medio de los prolongados apagones, la escasez de alimentos y transporte, y las limitadas opciones para el disfrute- buscan en las playas al oeste de La Habana un pequeño alivio al intenso calor y a la grave crisis que vive el país.
"Opciones muy pocas; pero qué vamos a hacer, no podemos coger para otro lado. Aquí tenemos que estar hasta que haya un cambio", comentó a EFE la joven habanera Tailuma Chuy, quien pasaba la tarde en un segmento de la costa que bordea al municipio Playa, una orilla de arrecifes; pero relativamente cerca del centro de la ciudad y a la que se puede llegar caminando o sin depender del transporte público.
Esta habanera de 35 años, reconocía en tono conformista que "el cubano es fiestero", y para tratar de disfrutar de eventos como el Mundial de Fútbol 2026, dice que lo ha hecho "conectando los televisores a la Ecoflow" (una de las marcas de las estaciones de energía portátiles) o enterándose de los resultados por internet, "el que tenga datos móviles", en medio de apagones que superan las 20 horas seguidas en La Habana.
La crisis energética en Cuba que comenzó a mediados de 2024 se ha agravado en los últimos meses por el bloqueo petrolero de EE. UU. impuesto desde enero, y las sanciones reforzadas desde mayo que ahuyentan a empresas extranjeras.
En La Habana, como en el resto de la isla, el transporte público ha desaparecido. Las basuras se acumulan en las calles sin equipos de recogida. Los hospitales apenas ofrecen algunos servicios mínimos y se han disparado los precios de manera generalizada, especialmente de los alimentos y los medicamentos en mercados informales.
En este sentido, el mar también se convierte en alivio para el habanero de 60 años, Arturo Acosta, quien explicó a EFE que va caminando desde el municipio de La Habana Vieja hasta la llamada 'playita de 16', en la avenida 1ra de Miramar (más de 15 kilómetros de trayecto), para "echarse un poquito de agua de mar en el pie" esperando que ésta cure su úlcera, pues comenta no tener "dinero para pagar un medicamento".
"No tenemos corriente, no tenemos luz, no tenemos agua, no tenemos nada", afirma exaltado Acosta.
"En Oriente no hay mucho"
El panorama suele ser más tenso en el resto del país donde los apagones han alcanzado hasta las 72 horas consecutivas, una situación que resulta cotidiana para Delcy Linares, una cubana de la provincia oriental de Las Tunas, quien junto a su familia permanece por estos días en la capital de la isla, debido a problemas médicos y procura buscar opciones para sus hijos en el verano.
"Casi todo ha sido hasta el momento playa. Estamos adentrándonos en las otras ofertas que tiene La Habana pues no somos de aquí, somos de Las Tunas. Vinimos por temas médicos", señaló junto a su esposo mientras accedían al Acuario Nacional de Cuba, una institución estatal que ofrece actividades recreativas y donde confluyen negocios privados dedicados sobre todo a la gastronomía.
"Estamos tratando de que los niños disfruten y vean las cosas que no se ven para allá, porque en Oriente no hay mucho", acotó al unísono la pareja cubana.
Una zona privilegiada, pero sin turismo
La zona oeste de La Habana, privilegiada por las playas y donde se encuentran diversos hoteles -que ahora en su mayoría permanecen vacíos-, así como restaurantes, centros recreativos y casas particulares de renta, también muestra estos meses la imagen más representativa de la caída del turismo en Cuba.
El turismo, una de las tres mayores fuentes de divisas para la isla, estaba en crisis desde la covid-19, pero la presión estadounidense ha terminado por devastar el sector, deteniendo la llegada de vuelos por la falta de combustible y propiciando la salida de hoteleras extranjeras como las españolas Meliá e Iberostar, la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipiélago International, por la amenaza de sanciones.
Cuba recibió entre enero y mayo de 2026, 359.491 turistas internacionales, de acuerdo con cifras oficiales, un 58 % menos que en el mismo período del año anterior, que ya había sido el peor en más de dos décadas (excluyendo los años de la pandemia). EFE
Claudia Dupeirón
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