Oscar Trejo, el argentino que se convirtió en leyenda en un club emblemático de Madrid y puede despedirse con un título impensado

hace 3 horas - ARGENTINA


MADRID.– Es un día de semana cualquiera, Rayo Vallecano acaba de empatar 1-1 con Girona por la fecha 35 de la Liga de España y tres hinchas de entre 45 y 60 años ya dejaron atrás el análisis del partido apenas toman el metro de la línea 1 en la estación Portazgo, abajo nomás del estadio. Se irán bajando de a uno a partir de Congosto, ya en el ensanche de Vallecas. Antes, en sus celulares, intentan resolver la compra de entradas y cotizan vuelos para estar en Leipzig el 27 de mayo, cuando el equipo dirigido por Iñigo Pérez enfrente al Crystal Palace inglés por la definición de la UEFA Conference League.

Sí, la primera final europea en la historia de este humilde club del sur de Madrid, que en 2024 cumplió 100 años y que será el único representante español en la rama masculina en disputar finales continentales esta temporada. El barrio empieza a respirar algo distinto. Una mezcla de emociones invade y contagia a todos los hinchas. La sienten y no le escapan a la cita con otro capítulo para su historia. En ese contexto aparece también la despedida del argentino Oscar Trejo, acaso el futbolista que mejor interpretó el espíritu de Vallecas en la última década. Su adiós encuentra al Rayo en el momento más extraordinario de sus 102 años de vida.

Hablar del Rayo es hablar de Vallecas, un barrio obrero del sudeste de la capital española donde el club es una extensión y símbolo de la identidad local. Su estadio, para 14 mil personas y con tres tribunas, que recuerda al de Argentinos, está incrustado entre edificios y bares populares y simboliza esa idea de “equipo de barrio” que todavía conserva el fútbol español. Su hinchada está históricamente asociada a causas sociales, antifascistas y solidarias, lo que convirtió al Rayo y su universo en uno de los más queridos y singulares de Europa. Y la figura de Trejo encaja de manera natural en la narrativa rayista. El argentino se transformó en un símbolo de un club que hizo de la humildad una bandera y que ahora, contra toda lógica económica, disputará la noche más importante de su vida frente a Crystal Palace, cuyo socio mayoritario es Woody Johnson, propietario de los New York Jets de la NFL.

El Rayo construyó su camino a la final desde muy abajo, a tono con su historia. Primero eliminó al Neman Grodno de Bielorrusia en las etapas previas, y luego fue creciendo en la etapa liga con triunfos ante Shkëndija, Lech Poznan, Slovan Bratislava, Jagiellonia y Drita. En octavos dejó en el camino al Samsunspor turco, sufrió para eliminar al AEK Atenas en cuartos de final y terminó de confirmar la hazaña con dos victorias por 1-0 frente al sorprendente Racing de Estrasburgo francés, con Valentín Barco y Joaquín Panichelli, en semifinales.

El domingo siguiente a la escena de los hinchas en el metro, el Rayo recibe al Villarreal por la penúltima fecha de la Liga, en la que el equipo aseguró la permanencia y finalizó octavo con 50 puntos. Dos horas antes del inicio del partido, dentro del estadio suenan Ska-P y Extremoduro por los altoparlantes. Mientras, las inmediaciones van ganando color. Entre hinchas que se encuentran para beber unas cervezas y puestos de merchandising que comienzan con las primeras ventas de la tarde, aparece caminando el plantel con ropa azul de concentración, cruzan la avenida y se dirigen a un terreno baldío cercado a una cuadra del estadio, donde se preparó un homenaje muy especial.

“Venimos a despedir a nuestro compañero, el Choco”, explica a LA NACION Augusto Batalla, ex arquero de River y San Lorenzo y ya uno de los referentes de este equipo. A la hora señalada, una grúa eleva a dos hinchas que, aerosol en mano, comienzan a escribir el número 8 y la leyenda “Eterno Capitán”. La dedicatoria es para Trejo, que se despide del club tras una década de buenas y malas, y justamente esa presencia en los malos momentos fue lo que terminó convirtiéndolo en ídolo. En una coincidencia cargada de simbolismo, la camiseta del Rayo Vallecano, blanca con la franja roja diagonal, está inspirada en la de River, eterno rival de Boca, aquel club donde debutó Trejo en julio de 2005, con gol, en una derrota 3-2 como visitante ante Almagro, un partido que no finalizó por invasión de los hinchas locales en José Ingenieros.

Sin lugar en el Xeneize, comenzó un recorrido internacional que pasó por Mallorca, Elche, Rayo, Sporting Gijón y Toulouse, antes de regresar para quedarse definitivamente en Vallecas, donde vivió todo lo que puede atravesar un futbolista: permanencias, descensos, ascensos y clasificaciones europeas. Disputó 334 partidos, marcó 45 goles y dio 26 asistencias. Fue pieza clave del ascenso en la temporada 2017/18 y compartió plantel con figuras como Radamel Falcao y James Rodríguez. Tras presenciar la finalización de su pintura gigante en la pared y oír el “Trejo capitán” de los hinchas, agarra un megáfono y devuelve unas palabras: “Pensaba muchas cosas para hoy, pero era el 10 por ciento de lo que ustedes son capaces de hacer. Ser el privilegiado de recibir este tipo de homenajes hace que se me hinche el corazón. Los voy a extrañar un montón y, si erro un pase, no me puteen porque me van a temblar las piernas. Los voy a llevar en mi corazón y mi familia siempre tendrá seis asientos en Vallecas para alentarlos”.

Entre los hinchas, se emociona la familia que construyó junto a su esposa Marina. Mia, Lucca, Santi y Leo son tan rayistas como su papá. “Muchas emociones, la verdad. Es una mezcla de emociones, pero sobre todo mucho orgullo por la persona que es. En los buenos momentos sabemos que es más fácil estar, pero él supo estar en los malos. Me decía ‘lo vamos a sacar adelante, vamos a ascender’. O cuando no les pagaban y estuvieron un año entero así. Él contagia tanto a sus compañeros que lo terminan consiguiendo. Es un líder silencioso y llevarse todo este cariño es lo mejor que te puede pasar”, valora Marina para LA NACION.

Y recuerda: “Cuando nos tocó venir a Madrid nos hizo acordar mucho a Buenos Aires. Nos recordó a un barrio típico de allá, con la gente súper cercana. No nos pudimos quedar por la situación del club, pero cuando pudimos volver buscamos un lugar donde sentirnos como en casa y una segunda oportunidad para poner al club donde se merecía estar. Y así fue”.

Los que estamos diciendo lo que significa Trejo lo estamos diciendo desde la historia y el conocimiento”, certifica Juan Jiménez Mancha, hincha e historiador del club, quien no duda ni un instante en realzar la figura de este ídolo que se despide: “Aquí en Vallecas todo el mundo es uno más, pero a nivel histórico Trejo ya está en los libros de las grandes leyendas del Rayo Vallecano”.

El Rayo y Trejo están a un paso de una noche perfecta. Porque el jugador que eligió quedarse en las malas, el que abrazó la identidad barrial del Rayo como propia, se irá disputando la primera definición continental de un club centenario que, con presupuesto de barrio y corazón de multitud, logró golpear las puertas de Europa. Ganarla sería un final de película. Uno que, en Vallecas, sienten que merece.

Fuente: google.com