Mes del compostaje: cinco iniciativas argentinas que mezclan el amor por el café y negocios claves para el futuro

hace 2 horas - ARGENTINA


El café es una de las bebidas que más se toman en el mundo y la tendencia escaló de forma estrepitosa en los últimos años. Entre 2022 y 2023, el consumo global alcanzó los 173,1 millones de bolsas, según un informe de la Organización Internacional del Café. En la Argentina, el promedio ronda las 208 tazas por persona al año.

La expansión de las cafeterías de especialidad eleva las exigencias de los consumidores y los perfiles más complejos ganan terreno, como se refleja en datos internacionales. Un informe del gobierno peruano sobre el mercado del café muestra que entre 2020 y 2024, las importaciones en la Argentina registraron un crecimiento anual promedio liderado por Honduras (43%), seguida por Perú (21%) y Colombia (17%). En estos países, la calidad logró marcar una importante distancia de socios comerciales más convencionales.

Pero este crecimiento tiene una contracara: de 1615 millones de vasos descartables que se usan cada año, apenas el 1% se recicla según un informe de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). El volumen es equiparable a 29 veces el tamaño del Obelisco. Además, por cada tonelada de café producida, unos 650 kilogramos terminan en la basura. Al descomponerse, estos residuos liberan metano y dióxido de carbono, dos de los principales gases responsables del calentamiento global.

En este escenario, muchas propuestas plantean que estos pueden dejar de ser un problema para convertirse en una oportunidad: buscan reinsertar el descarte del café en el circuito productivo. Este proceso, en términos generales, es conocido como “economía circular”. Varios proyectos en el país incorporaron este concepto en su cadena productiva. Algunos recuperan prácticas conocidas, como el uso de la borra para compostaje o biomateriales. Otros van más allá y transforman cápsulas y bolsas en objetos de diseño. En el mes del compostaje, LA NACION consultó cinco propuestas que aprovechan el ciclo del café para repensar los hábitos de consumo.

En 1998, Felipe Lobert viajó al Impenetrable chaqueño donde se encontró con un escenario trágico. “Observé en varios lugares que la gente se moría de hambre en un vergel. Y se moría de hambre porque no sabía hacer una huerta”, explicó Lobert. Esta experiencia, lo impulsó a desarrollar Fundación Huerta Niño, un programa de educación para niños y niñas a través de la creación de huertas en escuelas primarias de todo el país. Para Lobert, es fundamental acercar a los chicos este conocimiento, ya que son vectores del cambio.

Hoy la fundación ya cuenta con más de 500 huertas rurales y suburbanas. En ese crecimiento, la borra de café surgió como aliado inesperado para enriquecer la tierra, lo que abrió el diálogo con empresas del sector como Nestlé. Así, durante 2025 recibieron 48 toneladas de café destinado al compost. Esto equivale a 16,8 toneladas de carbono, que es casi dos veces un elefante africano.

Tras 20 años de carrera como comunicadora institucional, Andrea de Navarrete puso pausa a su vida corporativa para dedicarse a la crianza de sus hijos. Fue entonces que se reencontró con una pasión impensada. “Un día que caminaba por el centro, me encontré con una vidriera llena de joyas, entré y empecé a estudiar joyería contemporánea”, recordó Navarrete.

Una tarde de 2010, Andrea vaciaba un contenedor de cápsulas de café en su tacho de basura cuando reparó en la belleza caleidoscópica del aluminio. Así surgió ADNJewelry, un proyecto que transforma cápsulas en piezas de joyería.

La marca, que ya participó tres veces en las pasarelas del Argentina Fashion Week y que fue distinguida con el Sello de Buen Diseño, transforma un residuo doméstico en aros y collares con un nuevo sentido. Lo que antes tenía un uso efímero, se volvió un objeto de colección.

Los vecinos de Andrea se unieron al proyecto y actualmente colaboran con la recopilación de cápsulas. Una vez curadas y seleccionadas por color, continúa el paso quirúrgico del ensamblado. “El primer vestido que hice tenía alrededor de 2500 cápsulas de café y los maxicollares entre 200 y 300 cápsulas”, precisó Navarrete.

Detrás de cada latte, hay un gran desperdicio de vasos descartables, por eso Etimo, la marca de Camila Castro Grinstein, propone reemplazarlos con tazas biodegradables a base de café y yerba mate. La iniciativa surgió de su tesis de la universidad y terminó diseñando un sistema operativo complejo que resulta en un objeto innovador: una taza fabricada con vasos descartables. Según Grinstein, cada una de sus tazas requiere 100 vasos.

“Trabajo con muchas cafeterías locales con las que hacemos un intercambio”, explica Grinstein. Este consiste en obtener los residuos cafeteros, recogidos por bicimensajeros, a cambio de sus vasos biodegradables: “Si uno dice, ‘Quiero una taza’, son 200 gramos”, ilustra la fundadora del proyecto.

El mayor desafío recae en la logística, ya que los residuos húmedos tienen una vida útil corta antes de echarse a perder. Aun así, su fundadora explica que el café le agrega mayor resistencia, color, textura y aroma al resultado.

Marote nació también de una tesis universitaria, la de Luciano Bichicchio, en la que se propuso generar productos basados en plástico reciclado. “Fueron muchas pruebas las que hice. En un momento dije, esto hay que escalarlo y tratar de hacer una empresa”, narra Bichicchio que reconstruye los inicios de su marca. Con el tiempo, perfeccionó un modelo de anteojos de sol a base de plástico reciclado y borras de café que mantienen su color y aroma distintivo.

El descarte orgánico se refina y se utiliza como pigmento verde y marrón que se mezcla con polipropileno y polietileno reciclado –plástico empleado para bolsas, botellas y juguetes–, previamente triturado con la “Recicleta”: una bicicleta que funciona como molienda manual.

“Si vuelven a Marote, a esos plásticos les podemos dar una nueva vida. Y van a seguir teniendo esa borra de café que le dio pigmento. Desde que arrancamos ya llevamos 30.000 kilos reciclados de plástico”, explica Bochicchio.

Esneda, de Sandra Lodoño, es el fruto del cruce entre sostenibilidad y una oda a la tierra natal de su creadora. Con un acento híbrido y raíces familiares caficultoras, Lodoño detalla que “pensando en mi paso por la tierra y en la huella que quiero dejar en ella, llevo a Esneda por la sostenibilidad. Por mis raíces colombianas en un momento se me vino el café. Empecé a imaginar cómo podía incorporarlo en la marca y usar las bolsas de café como materialidad”.

Lo que alguna vez sirvió para facilitar el transporte de granos, en 2024 se convirtió en un diseño que alcanzó las pasarelas de Argentina Fashion Week y que fue galardonado con el Sello del Buen Diseño Argentino en 2025.

Los bolsones de café se elaboran con yute, una fibra natural. Por lo que una vez cumplida la vida útil de la cartera, puede ser desarmada y llevada al compost. En palabras de Lodoño: “El planeta no se salva solo, debemos unirnos y trabajar en conjunto, aprender y desarrollar modelos de negocios amigables con el planeta”.

Fuente: uade.edu.ar