hace 4 años - SANTIAGO
Tiempo de lectura: 3 minutos, 28 segundosPablo Yute, el coordinador técnico del Laboratorio referente de la provincia, al igual que muchos de sus colegas, experimentaron en carne propia, el ataque del virus. Hoy, recuperados, cuentan cómo fueron sus días de aislamiento y el dolor por correrse por unos días de su puesto de lucha.
El coronavirus dejó huellas imborrables en toda la sociedad. Y lo seguirá haciendo. Cada uno desde su lugar, experimentó o experimenta hoy una lucha contra algo que no se sabe bien si algún día el mundo podrá alzar su voz, victorioso. Nadie sabe a ciencia cierta, cuándo la sociedad podrá sentirse un poco más aliviada. Mientras tanto, los que están en la primera línea de batalla, se refuerzan, se renuevan y se comprometen a cada instante para que la experiencia con el virus sea lo menos dolorosa posible.
Son ellos, el personal de salud, los que merecen todos los aplausos y el reconocimiento por tan loable labor que desempeñan, sin importar las horas de más, el cansancio físico, y la necesidad de estar siempre en contacto con su tarea, porque sienten que hoy es el momento de darlo todo.
Pablo Yute es coordinador técnico del Laboratorio referente de la provincia. Por sus manos pasan cada una de las muestras que se practican para confirmar o descartar66 casos de coronavirus, y es, por ello, uno de los que más en contacto está con el virus.
Y como muchos otros, tan comprometido está con su labor, que cuenta que nunca se sintió más incómodo y “atado de pies y manos” como cuando después de pelear con el virus frente a frente por muchos meses, se contagió fuera de su lugar de trabajo.
“Me contagié por nexo epidemiológico de mi familia. Estuve con congestión nasal, pérdida del olfato y ya volví a trabajar tras haber cumplido con el aislamiento obligatorio. Sin embargo, ese aislamiento fue lo que más me costó. Los síntomas no fueron tan fuertes como sí las ganas de estar en mi lugar de trabajo, dando todo hoy, que es cuando más se necesita del personal sanitario”, expresa el especialista en biología molecular, que desde hace 14 años trabaja en el análisis de las muestras.
“Creo que mi rutina laboral, instalado desde casa, fue lo que me hizo la contención emocional durante ese encierro, porque a través del Home office pude seguir coordinando la actividad del laboratorio, además de mi otra labor en la docencia. La palabra aislamiento no significa solamente estar desconectado de la sociedad. También implica estar en aislamiento de tu seno familiar y es muy complejo porque uno está acostumbrado a compartir muchos espacios, muchas cosas y de pronto tener que individualizarse, es muy difícil por el hecho de que comienza a impactar en las relaciones humanas. Es muy compleja la situación de aislamiento”.
La pandemia cambió la rutina de todos, incluso de los que se dedican a diario a descubrir o darle pelea a cientos de enfermedades.
“En esta pandemia hemos aprendido muchas cosas. Hemos tenido que reforzar el personal. Si hacemos entre 200 o 300 muestras diarias, consideramos un día muy tranquilo, porque hemos llegado a procesar entre 1000 y 1200 muestras a diario. La pandemia nos ha demostrado la fragilidad de lo que el sistema de salud podía afrontar. Me ha enseñado que el trabajo de equipo tiene que ser algo que tiene que establecerse siempre en el sistema de salud. En Santiago, el sistema de salud en el 2020 mejoró muchísimo. El Ministerio de Salud junto con el Gobierno, han apostado muchísimo, sin escatimar recursos”, explica.
“La pandemia hizo que reflexionemos mucho más de lo que pensábamos; nos enseña que no tenemos que relajarnos”
Según Pablo Yute, la provincia es una de las que más muestras analiza a diario.
“Santiago del Estero es una de las provincias que más testeos hace. La pandemia hizo que reflexionemos mucho más de lo que pensábamos. Nos está enseñando que no tenemos que relajarnos. El relajamiento está mostrando el impacto. ¿Podemos hablar de segunda ola? Seguramente que a Santiago podría llegar, pero depende solamente de nosotros, para controlar y mitigar al virus. Vemos hoy un relajamiento en la sociedad, se dejaron de lado las medidas de cuidado y prevención. El barbijo, por ejemplo se ha vuelto una herramienta esencial para cuidarnos entre nosotros y no lo estamos usando. La pandemia nos está dando lesiones y tenemos que aprender”, sentencia el coordinador del Laboratorio de la provincia.
Incertidumbre
Finalmente, sobre su arduo trajinar en este año de pandemia, Yute sentencia: “Por supuesto que algún momento tuve miedo. Era todo nuevo lo que se venía, pero teníamos los recursos para enfrentarlos y los que faltaban, los buscamos. Desde el punto del paradigma de la actividad laboral, el Laboratorio, al principio del 2020 funcionaba con 2 personas; hoy somos 21. Obviamente que con todo ese contexto se afronta el miedo, pero es fundamental saber manejarlo. Soy una persona que me gusta estar en el proceso”.
04/04/2021 Fuente y foto:EL LIBERAL
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