El Gauchito Gil sigue convocando a multitudes

hace 7 años - ZONALES

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El santito popular que convoca multitudes cada 8 de enero cumple 141 años. La rebeldía que inspira a los sectores más pobres.


asi 250 kilómetros separan a Concepción de la ciudad de Mercedes, en Corrientes. Hace 141 años, un gaucho malevo llamado Antonio Gil unió ambos sitios a campo traviesa. Atravesó pantanos, bosques y peligrosos montes para llegar a su ciudad natal, escapando de sus captores, que lo buscaban por los robos cometidos a los poderosos de esa época.

Atracos donde los botines eran dinero, pero también el cuerpo de sus mujeres. El Gauchito Gil fue capturado cuando su periplo estaba por terminar y, según cuenta el mito, su verdugo fue el primero que luego gozó de sus milagros. Cada 8 de enero, unas 300.000 personas cumplen una tradición que los hermana en la misma fe. El objetivo es agradecer los favores concedidos y participar de una fiesta en plena ruta, donde se baila chamamé, se toman los mejores mates del país y se come asado.

El Gauchito Gil es sólo uno del centenar de gauchos milagrosos que vivieron en el litoral argentino. Personajes con carisma que resolvían los problemas de la gente, muchos de ellos devenidos en curanderos de barrio. Travieso, ladrón, embustero, pero también milagroso: Antonio Mamerto Gil Nuñez se reveló al poder de turno y al ejército a finales del siglo XIX para convertirse en una suerte de Robin Hood.

Vestía de rojo por su devoción a San Baltasar, el rey árabe que la mitología católica le reservó el traje de Rey Mago, aunque es el único que no integra el santoral, por ser negro. Hay varias hipótesis sobre la muerte de Gil, pero la principal dice que el 5 de enero de 1878 celebraba la unción de Baltasar en Concepción y que, pasado de copas, se encamó con la mujer de un comisario, hasta que lo descubrieron.

Tuvo que huir escondido, protegido por la dama, y a las pocas horas se perdió en el monte correntino. Tardó tres días en llegar a Mercedes, pero cuando faltaban ocho kilómetros para entrar en la ciudad un policía le dio captura, lo colgó de un árbol, cabeza abajo, y lo ejecutó a sangre fría.

“Tu hijo está muriendo a causa de una enfermedad; cuando llegues a tu casa rezá por mí y tu hijo se va a salvar, porque hoy vas a estar derramando la sangre de un inocente”, le dijo Gil a su verdugo, minutos antes de morir. Al llegar a su casa, el policía cumplió lo que el Gaucho le había dicho y su hijo sanó. El hombre volvió al lugar del hecho y le agradeció al gaucho, que colgaba muerto y desangrado como un cerdo.

EL NACIMIENTO DE UN MITO

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Cada 8 de enero, unas 300.000 personas cumplen una tradición que los hermana en la misma fe. Acuden al santuario para pedir, agradecer y celebrar.

Ese día nació el mito que hoy congrega hasta ese mismo árbol a cientos de miles de personas de Argentina y de países limítrofes. Llegan en autos, camiones y buses con viajes organizados especialmente, pero también caminando, en bicicleta, a caballo y hasta de rodillas.

La figura de Gil sobresale de entre todas gracias a los camioneros -esenciales en un país con más de 4.000 kilómetros de extensión de norte a sur-, que abrazaron la creencia y la viralizaron, a la antigua, por todo el país. Dos corrientes migratorias alientan el misticismo: la de los soldados brasileños que desertaron en la guerra contra el Paraguay y la de los italianos que llegaron al país a finales del siglo XIX.

Los primeros aportaron a San Baltasar -la única fiesta de negros que todavía se conserva en Argentina y se celebra hoy-; los segundos, a San La Muerte. El Gauchito Gil -también desertor de la guerra- es el resumen de ambas entelequias. Pero también es un reflejo para pobres y desgraciados que no creen en la iglesia católica, pero que no pueden contener su fe.

Publicada en el periódico El País, de España.

El largo camino hacia la santificación

Hace dos meses se realizó en el Instituto Patria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un plenario nacional de la agrupación política Gaucho Antonio Gil. Delegados de varias provincias analizaron la situación sociopolítica de los argentinos en el contexto latinoamericano y desde la perspectiva del campo popular.

Durante el intercambio de opiniones surgió la propuesta de solicitar a la Iglesia Católica el inicio del proceso de reconocimiento para la santificación del Gaucho Antonio Gil. Entre los participantes hubo referentes de Chaco, Corrientes, Misiones, Salta, Córdoba, Río Negro, Chubut y Buenos Aires. Desde entonces -sábado 3 de noviembre- recorren el camin o para hacer visible el objetivo, sumar adhesiones y acompañamiento del trámite.

DEL MISTICISMO AL SUJETO POLÍTICO

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El plenario nacional reunido en el Instituto Patria, de la ciudad de Buenos Aires, hace dos meses. Fotos Carlos López.

Una de las interpretaciones acerca de la popularidad del santo popular es haber alcanzado una forma de burlar la muerte y que a diferencia de cualquier otro ser humano, lo logró por causalidad. Los impulsores de la santificación de Gil aportan argumentos: “como todo fenómeno social no obedece a una sola causa, y por eso se lo denomina multicausal.

Para analizar este hecho lo podemos hacer, al menos, desde dos perspectivas: el político y el religioso”. El sujeto político, nació en 1840, en la entonces colonia Payubre, jurisdicción de la ciudad de Mercedes en la provincia de Corrientes, cuyo nombre completo es Antonio Mamerto Gil Núñez, hijo de José Gil de la Cuadra y Encarnación Núñez.

Al cumplir la mayoría de edad fue obligado a enlistarse en el ejército de Mitre y llevado a combatir contra el hermano pueblo del Paraguay, en la nefasta Guerra de la Triple Alianza (Uruguay, Brasil y Argentina) para asfixiar al entonces pujante e industrial pueblo paraguayo.

IMPRONTA POPULAR

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Foto: Gustavo Flores.

La conciencia política y una formación moral -profundamente cristiana- llevan a Antonio Gil a revelarse contra el exterminio del pueblo guarany. “Desertó de la milicia invasora de los ejércitos de la Triple Alianza comandada políticamente y económicamente desde Londres, que luego lo obliga a vivir en la clandestinidad refugiado en los montes correntinos.

Las desigualdades sociales entre las familias de peones rurales y los estancieros correntinos, le obliga a tomar parte por los desposeídos, empezando así un proceso expropiatorio de los que eran dueños de todo, para entregárselo a los que no tenían nada. De esta manera construye su base política social, que luego de ser asesinado (8 de enero de 1878), lo mitifica como santo popular de lo imposible.

De allí que la Iglesia, muy ligada a los sectores de poder, desde esa época y hasta hoy, no lo reconoce como santo. Pero el pueblo, a través de su inmortalización y mitificación le ha dado el lugar de santo popular”. En las exposiciones los participantes describieron las diversas situaciones que hacen al retroceso de logros sociales y el avance de los sectores hegemónicos en detrimento del pueblo trabajador.

La política energética como derecho social estuvo presente en el debate, como así también la lucha de los asalariados en todas sus expresiones y especialmente con delegados de Telam, Manteros en lucha y conflictos varios de trabajadores en todo el país.

Al finalizar el encuentro se eligieron representantes para conformar las comisiones de trabajo, como así también la integración de una mesa nacional de coordinación (órgano máximo de dirección).

06-01-19 Fuente y foto: DIARIO NORTE


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