Dejó el éxito en Nueva York para encontrarse a sí misma en una playa de México

hace 1 hora - MUNDO


Andrea Cueva cambió el vértigo de Nueva York —horarios apretados, ruido constante y la promesa inagotable del éxito— por el ritmo pausado del mar en México, una decisión que transformó por completo el rumbo de su vida.

Lo que antes estaba marcado por la prisa, la exigencia y una rutina absorbente, hoy transcurre entre la calma de una playa tranquila, donde encontró espacio para mirar hacia adentro y reconectar con una dimensión espiritual que, durante años, había quedado relegada.

Su historia es la de una ruptura silenciosa con una idea de realización ligada únicamente al logro profesional. Lejos de los rascacielos, Andrea –39 años– construyó una nueva cotidianidad en la que el paisaje, el silencio y la introspección ocupan un lugar central. Más que una mudanza geográfica, su decisión representa una búsqueda personal: la de una vida con menos estruendo exterior y más sentido interior.

Su historia comenzó con la idea de estudiar fuera de su natal Nuevo León, en el noroeste de México, hacia Nueva York. “Yo quería experimentar algo más de lo que vivía y pensaba que había un mundo más allá”, dice en entrevista con CNN.

Aceptaron su solicitud para estudiar en la Parsons School of Design, en Nueva York, luego realizó una maestría en Dirección de Arte en Miami y regresó a la Gran Manzana para iniciar su vida laboral en reconocidas agencias de publicidad y producción.

“Recuerdo que yo quería trabajar con las agencias de publicidad más grandes, con las marcas más conocidas, pero el costo era muy grande… trabajar horas extra y además yo estaba en la parte creativa y alguien más producía ese trabajo. Es como tener un hijo y que alguien más se encargue de él”, dice.

En los años que trabajó en Nueva York también realizó otros proyectos en Brasil, Miami y Alemania. Con más de una década de experiencia profesional, tenía la vida que algún día imaginó y el éxito en una ciudad considerada un centro de finanzas, cultura y diversidad.

Aún así, como migrante y mujer se enfrentó a estereotipos y machismo en el ámbito laboral. “Hay mucha adrenalina, hay mucha creatividad, pero también mucha explotación, una tendencia a favorecer a los hombres, de sexismo y también se hacía menos a los migrantes”, señala.

La artista visual detalla que llevaba una vida “tradicional”, con horarios de nueve o más horas al día, cinco días a la semana, algo con lo que se sintió cómoda muchos años de su vida, hasta que poco a poco empezó a buscar algo más.

La llegada de Donald Trump a la presidencia en 2018 y su retórica contra inmigrantes mexicanos, de quienes –afirmó– “traen a EE.UU. crimen, drogas y son violadores”, impulsó a Andrea a hacer una versión moderna de la Lotería mexicana, el clásico juego de mesa con imágenes icónicas de la cultura.

Su idea culminó en su colección Viva La Lotería MX, una versión fotográfica con 54 retratos que reinterpretan el clásico juego de mesa desde una mirada contemporánea, para contrarrestar algunas representaciones y estereotipos de los mexicanos que se hacen en Estados Unidos.

“¿Por qué una lotería? Porque México es tan rico y diverso que una imagen no alcanza a representar todo […] entonces invité a otros mexicanos que querían representar a su país, dar su cara y lo demás fueron objetos mexicanos. Fue una oportunidad para que vieran a México de una forma elegante”, detalla.

La obra –exhibida en Nueva York, Los Ángeles, Monterrey y Dublín – también buscaba recaudar fondos para proteger a las familias inmigrantes en peligro de ser separadas durante el primer Gobierno de Trump.

En su versión de la Lotería, los personajes masculinos como El Mundo, El Valiente y el Diablito fueron representados por mujeres fuertes y empoderadas, mientras que la imagen de El Gorrito pasó de ser una prenda anticuada a una gorra con la popular frase “Hecho en México” y El Nopal no es el típico dibujo genérico sino una artesanía Huichol.

Ahora, busca iniciar una colaboración para hacer que su obra llegue a más personas en museos, así como imprimirlas en una versión más pequeña con mensajes personalizados según cada carta para su comercialización.

Hacer el proyecto de la Lotería Viva permitió a Andrea reconectar con una parte de sí misma que parecía abandonada y le dio la confianza de saber que era capaz de crear su propio camino a través de su arte. “Eso también fue gracias al camino profesional que había recorrido”, asegura.

Entonces, didicaba cada vez más tiempo a aprender sobre filosofía hindú, yoga, reiki –una técnica de relajación para armonizar el cuerpo, la mente y el espíritu–, tarot o meditaba, pero no encontró ningún espacio para compartir eso.

“Ahí fue cuando entendí –igual que cuando salí de Monterrey– que había un mundo más allá, una espiritualidad que me nutría mucho. Ahí fue cuando renuncié a mi trabajo y pensé en continuar como freelancer. Fue un sentir de que cerré un ciclo muy grande”, señala.

Con esa seguridad, en 2020 renunció a su trabajo y dejó su departamento para irse a Europa tres meses a seguir adentrándose en el camino espiritual y pensar en lo que seguía en su vida, una decisión que no fue bien recibida por amigos y conocidos, quienes le cuestionaban las razones de su decisión de abandonar todo lo que había construido.

Pero eso no la detuvo, la empujó a reflexionar y saber que seguir su intuición era lo más importante. “Pensé entonces que debía confiar y que definitivamente necesitaba un descanso”.

Irse Europa le permitió a Andrea bajar el ritmo en el que vivía en Nueva York y abrirse paso a nuevos conocimientos, empezó a hacer yoga y terapia de sonido con cuencos que la ayudaron a conectar consigo misma.

Al año siguiente, en 2021, regresó a un México en el que reconectó con sus raíces y trabajo de forma independiente para sostenerse económicamente, pero con la confianza de saber que era dueña de su tiempo y su libertad. “Esa es una riqueza que no tiene valor, o sea, es invaluable”, asegura.

Ese descubrimiento implicó viajar a otros lugares del territorio para aprender más sobre energía, medicina natural, rituales, entre otras terapias, que la han convertido en un puente para ayudar a otras personas a encontrarse a sí mismos y vivir en el presente.

Pero todo eso, indica, fue un trabajo de prueba y error, en el que algunas veces las cosas no salieron como ella esperaba, pero ser responsable de sus decisiones y hacer lo que su corazón le dictaba, la ayudó a estar en armonía consigo misma y que sus proyectos despegaran.

Finalmente, Andrea eligió vivir en una playa en el estado mexicano de Nayarit. “Siempre quise vivir en el mar, sabía que para crear tenía que irme a la naturaleza y solté algunos trabajos que me obligaban a estar en la ciudad, busqué otra chamba y aunque era un ingreso mucho más bajo, también me fui a un lugar donde necesitaba menos […] mi corazón me dijo que era ahí”, cuenta.

Ahora, su vida es transcurre entre la medicina tradicional mexicana, clases de hatha yoga, reiki, cacao ancestral, trabajos de dirección creativa como freelancer y un nuevo proyecto llamado KidSana, en el que procuran el cuidado de los niños en múltiples ámbitos: alimentación, juegos y el contacto con la naturaleza.

Al dejar atrás la velocidad de Nueva York para abrazar una vida con más calma, Cueva no solo cambió de paisaje, sino de propósito. En ese giro de vida, encontró una forma distinta de entender el éxito: menos atada al reconocimiento externo y más cerca de la paz interior. Su historia deja una pregunta flotando: cuántas veces lo que parece una renuncia es, en realidad, el comienzo de una vida más fiel a uno mismo.

Su historia deja una pregunta flotando: ¿cuántas veces lo que parece una renuncia es, en realidad, el comienzo de una vida más fiel a uno mismo?

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Fuente: cnn.com