hace 1 hora - MUNDO
La desaparición es una forma extrema de violencia contra la mujer. Para las familias es un dolor que no cesa y una búsqueda sin descanso, que asumen especialmente las madres.
Araceli Salcedo busca desde hace 14 años a su hija Fernanda Rubí. La joven tenía 21 años cuando fue secuestrada por una banda armada de un bar en Veracruz. Araceli ha luchado contra la indiferencia y las intimidaciones en un camino que comparte con muchas madres buscadoras y que la llevó a fundar el Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba.
Los casos como este se multiplican en México y otros países de América Latina, que "sigue siendo una de las regiones con mayores niveles de violencia contra las mujeres”, indica Marta Hurtado, portavoz de ONU Derechos Humanos , consultada por DW. "Las mujeres y niñas desaparecen de manera desproporcionada en entornos marcados por la pobreza, la violencia comunitaria, la migración, el racismo estructural y la discriminación interseccional, lo que afecta particularmente a adolescentes, mujeres indígenas, afrodescendientes y migrantes", subraya.
En México, si bien hay más hombres desaparecidos, en los últimos años se observa un incremento significativo de víctimas niñas y mujeres. De 2024 a 2025 hubo un alza generalizada de los casos femeninos en todos los estados y en nueve de ellos aumentaron en más de 20 por ciento, de acuerdo con la Red Lupa, del Instituto Mexicano de Derechos Humanos. En el estado de Tabasco pasaron de 236 a 1.761, esto es un alza de 87 por ciento. La mayoría de estos casos, el 21 por ciento, se concentra entre los 15 y 19 años.
En la misma línea, un estudioconjunto de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), la organización IDHEAS Litigio estratégico en Derechos Humanos y el Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF), alerta sobre un mayor aumento desde 2007 y que "en varios estados de la República el número de mujeres desaparecidas es hoy superior al de los hombres desaparecidos". Entre enero de 2018 y septiembre de 2024 hubo 11.566 víctimas femeninas solo en el Estado de México.
Mientras los hombres que desaparecen son destinados principalmente a trabajo forzado para actividades ilegales, "la explotación de mujeres y niñas desaparecidas sirve en muchos casos para fines de trata sexual (prostitución forzada)", postula el estudio.
"Si bien no todas las desapariciones están vinculadas a la trata de personas, la evidencia regional en América Latina muestra una relación persistente entre desapariciones y redes de trata, especialmente con fines de explotación sexual, en contextos de criminalidad organizada, desigualdad social y debilidad institucional", subraya Hurtado. "La desaparición y la trata no son fenómenos aislados, sino parte de patrones estructurales de violencia de género", agrega la portavoz de ONU DDHH.
Perú vive una crisis de grandes proporciones: "Entre 2023 y 2025 registró más de 45 mil denuncias de personas desaparecidas en el país. Las halladas son un poco más de mil. Sin embargo, no se hace el cruce de si es por trata y explotación sexual u otros factores", dice a DW Rossina Guerrero, directora ejecutiva del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (Promsex).
De las 3.797 víctimas de trata de personas de 2017 a 2023, el 85,4 por ciento eran mujeres y 35,9 por ciento menores de edad, según el Observatorio de Seguridad Ciudadana de Perú. El 59,9 por ciento fue víctima de explotación sexual y 73,2 por ciento captadas por medio de una falsa oferta de trabajo.
Con todo, la conexión entre las desapariciones y la trata es todavía un tema subestimado, considera Guerrero. Promsex ha investigado esta crisis en las regiones de Madre de Dios, Piura y Lima. En su estudio revela que seis de cada diez víctimas de desaparición son mujeres, así como casi nueve de cada diez víctimas de trata de personas. Su directora ejecutiva habla de patrones coincidentes entre ambos crímenes. Sin embargo, son tratados como fenómenos aislados por los organismos del Estado y tampoco son prioridad en las políticas públicas, advierte.
De acuerdo con el Reporte sobre la Trata de personas del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México de 2025, "las mujeres y niñas son las principales agraviadas, representando aproximadamente el 62 por ciento de las víctimas en estos delitos. La explotación sexual, la servidumbre doméstica y el matrimonio forzado son las formas más comunes de trata para este grupo".
Juan Carlos Gutiérrez, director jurídico de IDHEAS, en México, apunta a "un entorno cultural, social y económico brutal en contra de las mujeres”. Al respecto, "hay que tener en cuenta el contexto de violencia extrema en el hogar. En muchos casos huyen porque son víctimas de violencia en la pareja o la familia, o de agresión sexual en sus entornos”, dice a DW. En esta situación, sumada a la pobreza y falta de oportunidades, "son enganchadas de manera fácil por los grupos de la trata para explotación sexual, que andan sobre todo en las redes sociales, cerca de los colegios y en las plataformas de videojuegos", agrega.
"En otros casos, son directamente secuestradas y forzadas a realizar trabajos, incluso sexuales, bajo amenazas y violencia", indica el informe de IDHEAS. Detrás existirían mafias o grupos organizados, que pueden estar relacionados con carteles del narcotráfico o incluso con familiares o conocidos. En ocasiones convierten a las mujeres y niñas en parejas de miembros de la banda o terminan como esclavas sexuales.
Los mismos patrones se repiten en distintos países latinoamericanos. Por cada víctima de trata identificada, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, calcula que hay por lo menos otras 20 sin detectar.
En la región, la mayoría de las víctimas de trata de personas detectadas son mujeres y niñas, según cifras de 2022 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODCUNODC), 82 por ciento en Centroamérica y el Caribe y 62 por ciento en Sudamérica. Asimismo, la principal forma de trata es la explotación sexual (81 por ciento en Centroamérica y el Caribe y 64 por ciento en América del Sur), que registra casi en su totalidad víctimas femeninas.
"Queremos visibilizar que ahí hay un patrón: hay mujeres, niñas y adolescentes empobrecidas, que son víctimas de violencia en el hogar, que buscan oportunidades laborales desde temprana edad y eso hace que la captación sea mucho más fácil y rápida. No puede ser que el Estado no lo vea", plantea Guerrero. La directora de Promsex apunta a la "tolerancia institucional y normalización a nivel de autoridades" ante la violencia hacia las mujeres, así como la falta de reacción y activación inmediata de protocolos frente a la desaparición.
Esto también tiene que ver con los prejuicios, acusa: "Dicen que ya va a volver, que se ha ido con el enamorado o a una fiesta y le recargan a la familia la búsqueda". A ello se agrega la dificultad de ingresar en territorios aislados, en ocasiones bajo el dominio del narcotráfico y con un alto nivel de peligrosidad, lo que complica también el trabajo de organizaciones de la sociedad civil.
"La falta de búsquedas inmediatas, la ausencia de perspectiva de género y la deficiente coordinación entre los sistemas de registro favorecen la impunidad", asegura Hurtado. "La falta de datos integrados invisibiliza a las víctimas y limita la formulación de políticas públicas eficaces", sostiene la portavoz de ONU DDHH, en una región donde "persisten fallas graves en la prevención, la búsqueda, la investigación y la reparación".
En el contexto de violencia estructural y contra la mujer en América Latina, las mujeres migrantes son especialmente vulnerables, advierten diversas organizaciones. El rescate en México en 2024 de un grupo de 25 mujeres de diferentes nacionalidades -entre ellas venezolanas, colombianas y cubanas- víctimas de tráfico sexual fue una señal de alerta.
"Tiene que ver con un patrón de discriminación y sexualización de la mujer migrante", indica Gutiérrez, quien recalca la necesidad de hacer campañas en consulados y embajadas, para que las jóvenes no crean en falsas promesas de modelaje o trabajo que terminan en redes de trata de personas: "Es un tema muy delicado y muy grave. Hay que reforzar la asesoría, así como los protocolos de actuación para la búsqueda rápida y efectiva".
Los expertos consultados coinciden en la importancia de un abordaje integral con enfoque de género. Prevención de la violencia en el hogar, educación en las escuelas y una acción coordinada y sin demora de las instituciones son clave para frenar esta crisis.
El enfoque de género es fundamental para la prevención e intervención en casos de trata de personas y mujeres desaparecidas, tomando en cuenta las vulnerabilidades de las mujeres, especialmente en situaciones de migración, ruralidad y pobreza.
(ms)
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