hace 1 hora - MUNDO
Entre los varios hantavirus que circulan a escala global, uno en particular está bajo vigilancia internacional: Andes (ANDV), predominante en América del Sur y la única cepa confirmada capaz de transmitirse entre humanos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó el miércoles 6 de mayo que este virus se identificó en el brote registrado en el crucero MV Hondius, que cubría la ruta entre Argentina y África. Pero, ¿existen casos en México?
En el país no hay registros de infecciones por hantavirus en personas. Sin embargo, desde finales de la década de 1990 sí se han detectado roedores portadores en distintas regiones, de acuerdo con especialistas consultados por El Sabueso, quienes mantienen monitoreo constante.
Aun así, consideran poco probable la ausencia total de casos humanos, ya que México comparte especies de roedores y condiciones ambientales con el sur de Estados Unidos. En otras palabras, no hay reportes clínicos oficiales, no porque el virus se detenga en la frontera, sino por falta de vigilancia.
De igual manera, un artículo de la Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas del ISSSTE señala que, en el continente americano, también se han encontrado anticuerpos en animales domésticos y silvestres como gatos, perros, cerdos, ganado y ciervos. Esto indica que los roedores actúan como reservorios naturales (portadores) del hantavirus, mientras que los otros animales no lo transmiten, aunque han estado expuestos en algún momento.
Al consultar al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) sobre posibles contagios de roedores a ganado o seres domésticos, la institución respondió: “No tenemos reporte en animales; es un tema de salud humana”. Por su parte, hasta el cierre de esta publicación, la Secretaría de Salud no contestó a la solicitud de comentarios.
La cepa Andes se detectó en uno de los pasajeros del crucero MV Hondius evacuado a Sudáfrica, según el ministro de Salud, Aaron Motsoaledi.
“Es un drástico giro de eventos. Acabas de introducir Andes desde Sudamérica a regiones del Atlántico Central que tiene contacto con Asia, África occidental y con el sur de Europa; se convierte en un virus exótico, un agente infecciones extranjero que no está de manera endémica en un país”, dice en entrevista con El Sabueso Christian A. García Sepúlveda, médico e investigador responsable de las Instalaciones de Alta Contención del Laboratorio de Genómica Viral y Humana, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
Los especialistas coinciden en que la característica biológica de Andes es su adaptabilidad a la célula humana, de ahí su poder de transmisión. No obstante, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, escribió en X que, hasta esta etapa, el riesgo global para la salud pública sigue siendo bajo.
“La OMS continúa colaborando con los operadores del barco para vigilar de cerca el estado de salud de los pasajeros y de la tripulación, y trabaja con los países para garantizar un seguimiento médico adecuado y una evacuación si fuera necesario”, dijo.
Los hantavirus son un grupo de virus que pertenecen al orden Bunyavirales, familia Hantaviridae y género Orthohantavirus. De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés), representan una amenaza global emergente para la salud pública, que afecta a más de 20,000 personas anualmente en el mundo.
La OMS apunta que las infecciones por hantavirus se asocian con una tasa de letalidad de entre 1 y 15 % en Asia y Europa, y de hasta 50 % en América. Se estima que, a nivel global, se producen entre 10,000 y más de 100,000 infecciones al año, con la mayor incidencia en los continentes asiático y europeo.
Infectan principalmente a roedores y se transmiten a los humanos a través de mordeduras, inhalación de partículas virales en aerosol, así como de heces, orina y saliva seca de estos seres vivos.
García Sepúlveda explica que, de los 60 hantavirus —agrupados en 38 especies—, alrededor de diez causan enfermedades en humanos y solo el virus Andes es por transmisión persona-persona.
Las presentaciones clínicas de la enfermedad dependen de la distribución de las cepas virales. En Asia, por ejemplo, la cepa o el virus de Seúl (SEOV) infecta principalmente el riñón y causa fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR). En Europa, el virus Puumala (PUUV) y el Dobrava-Belgarde (DOBV) provocan una forma más leve de FHSR, la nefropatía epidémica. Mientras que, en América, el virus de los Andes y Sin Nombre (SNV) afectan los pulmones y ocasionan síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH) o síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), con una alta tasa de mortalidad.
Factores ambientales como la disponibilidad de alimentos, el cambio climático y la ubicación geográfica también contribuyen a la infección por hantavirus.
“Las características clínicas de la infección por hantavirus pueden diferir según la especie de virus que infecta a un individuo; los virus autóctonos de Asia y Europa focalizan el mayor daño clínico en el riñón y los presentes en América, en el pulmón y corazón”, puntualiza Heliot Zarza Villanueva, profesor investigador del Departamento de Ciencias Ambientales, Unidad Lerma, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El texto del ISSSTE señala que el síndrome pulmonar por hantavirus puede confundirse con varias enfermedades respiratorias o infecciosas como influenza, neumonía, síndrome de dificultad respiratoria de tipo adulto y endocarditis bacteriana, lo que dificulta su diagnóstico, sobre todo en etapas iniciales.
Los síntomas principales del SPH son: fiebres y escalofríos, dolor muscular y de cabeza, tos, dificultad para respirar, problemas cardiopulmonares, baja de plaquetas y líquido en los pulmones (infiltrados pulmonares).
“Los síntomas se pueden confundir con la gripe. Suelen comenzar entre una y ocho semanas después de la exposición, dependiendo del tipo de virus, e incluye normalmente fiebre, dolor de cabeza, musculares y síntomas gastrointestinales como náuseas y vómitos”, añade Zarza Villanueva en conversación.
En Estados Unidos, toman como precaución 72 horas para monitorear a la persona. El protocolo recomendado es esperar ese tiempo para realizar una prueba de PCR, que es el método diagnóstico confirmatorio para el hantavirus.
En el SCPH, la enfermedad puede progresar rápidamente hasta causar tos, dificultad para respirar, acumulación de líquido en los pulmones y shock. En la FHSR, las etapas posteriores pueden incluir presión arterial baja, trastornos hemorrágicos e insuficiencia renal.
Actualmente no existe ningún tratamiento antiviral específico ni vacuna autorizada para la infección por hantavirus, según la OMS. La atención es de apoyo y se centra en la monitorización clínica exhaustiva y el manejo de las complicaciones respiratorias, cardíacas y renales.
“El manejo se basa en rehidratación intravenosa intensiva, control de la vía aérea, intubación en casos graves, antiinflamatorios y esteroides. La escasez de casos hace imposible realizar ensayos clínicos controlados, por lo que los antivirales experimentales que se han utilizado no han logrado demostrar eficacia estadística suficiente”, menciona por su lado García Sepúlveda.
En cuanto al riesgo que representan los hantavirus para México, el Laboratorio de Genómica Viral y Humana, Facultad de Medicina, de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, reportó en 2024 varias cepas en roedores de Tamaulipas, Nuevo León, Zacatecas, Jalisco y Colima, entre otras entidades.
Sin embargo, a la fecha, en el país no se ha documentado ningún caso de infección en humanos a pesar de varios brotes de SPH reportados en la frontera sur de Estados Unidos y los constantes informes de roedores portadores de anticuerpos contra el hantavirus en la frontera norte de México.
Un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), publicado en abril de 2026, dio a conocer que hasta finales de 2023 se habían notificado 890 casos de enfermedad por hantavirus (62% hombres y 38% mujeres) en Estados Unidos desde que comenzó la vigilancia en 1993. Todos fueron confirmados en laboratorio e incluían SPH e infección por hantavirus no pulmonar.
Tanto los especialistas como la investigación Situación actual y perspectivas sobre los hantavirus en México, de los Institutos Nacionales de Salud (NIH en inglés), apuntan que probablemente la enfermedad esté presente en México, pero se haya diagnosticado erróneamente debido a que sus signos y síntomas son similares a los de otras enfermedades prevalentes como el dengue, la leptospirosis, la rickettsiosis y la influenza, aunado a una falta de vigilancia.
“En México, los ortohantavirus han sido monitoreados de forma no sistemática durante las últimas dos décadas. México es uno de los países de Latinoamérica con menor producción de literatura científica sobre estos virus y sus hospedadores. En el periodo 1990-2016, solo 2.41 % de las publicaciones se centraron en hantavirus en el continente correspondiente a México, mientras que Brasil (38.97 %), Chile (23.38 %) y Argentina (20.96 %) produjeron el mayor número de estudios. Esto refleja una falta de interés, tanto desde la perspectiva científica como de salud pública en México, debido a la aparente ausencia de casos de SPH”, se lee en el reporte de los INH.
Zarza Villanueva indica que el sistema de salud mexicano, en términos generales, no incluye el hantavirus en sus protocolos de diagnóstico diferencial de rutina.
“No tenemos casos reportados en humanos, lo que tenemos son casos desde finales de 1990 en ratones; las mismas especies que hay en Estados Unidos en la parte de la frontera como Nuevo México y Arizona (…) En nuestro sistema de salud no ponen el especial énfasis y atención para poder hacer un diagnóstico correcto. Es poco lógico que no haya casos documentados si tenemos todas las condiciones”, resalta.
Actualmente el investigador realiza estudios de presencia y prevalencia en ecosistemas de alta montaña en el centro del país, como el Nevado de Toluca y La Malinche, con el objetivo de establecer una línea base que permita entender la dinámica del virus en fauna silvestre mexicana y anticipar posibles riesgos para la población humana.
El médico e investigador García Sepúlveda, por su lado, concluye que la ausencia de casos en el país se debe al etiquetado de pacientes como otras enfermedades infecciosas emergentes (covid-19), falta de brotes significativos o mediáticamente evidentes; así como el poco interés gubernamental o institucional respecto al riesgo y la falta de conocimiento en médicos.
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