Perú elige nuevo gobierno: ¿continuidad de la crisis o punto de inflexión?

hace 1 hora - MUNDO


Más que una elección abierta, Perú enfrenta en estas elecciones generales una prueba de fondo: si su sistema político es capaz de corregir una inestabilidad crónica o si, por el contrario, volverá a reproducirla.

Los comicios de este 12 de abril de 2026 en el país andino son considerados por las principales encuestadoras como los más impredecibles en años. La razón principal es la fragmentación extrema: 35 candidatos presidenciales compiten en un escenario donde ningún liderazgo logra consolidarse.

Según el último simulacro de la encuestadora Ipsos, Keiko Fujimori lidera con 16 por ciento de intención de voto. La hija del dictador compite por cuarta vez confiada de finalmente alcanzar la presidencia. El resto de candidatos se mantiene en torno o por debajo del 10 por ciento, en un panorama altamente disperso.

El segundo lugar lo disputan figuras como el exalcalde de Lima Ricardo Belmont, el humorista Carlos Álvarez y el izquierdista Roberto Sánchez, cercano al legado de Pedro Castillo. También aparece el conservador Rafael López Aliaga, aunque con menor impulso reciente.

El escenario electoral refleja un sistema político debilitado, con partidos poco institucionalizados y alta volatilidad del voto. Agrupaciones como la fujimorista Fuerza Popular compiten con múltiples candidaturas personales sin estructura partidaria sólida.

Consultado por DW, el politólogo Eduardo Dargent, de la Pontifícia Universidad Católica del Perú (PUCP), señala que el comportamiento del electorado es clave para entender la incertidumbre: "El promedio del votante peruano no es leal a un partido o candidato y decide su voto en la última semana".

Para el experto, esto se explica por un deterioro estructural del sistema político: "La sensación que hay después de ver los debates televisados es de una degradación muy fuerte del sistema político en el Perú, que desde hace años es de amateurs. De desprestigio rápido de los que llegan, porque no llegan organizaciones sino personas".

Dadas esas evidencias, Dargent profundiza en su diagnóstico: "Con candidatos enanos que tienen 10 por ciento o menos, esta elección es la radicalización de todo eso. Es el momento más bajo de la calidad de política que yo recuerde".

La analista del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), Omayra Peña, coincide en que el reciente debate electoral dejó una sensación de frustración. Según explica a DW, "el debate no ha sido definitorio, como probablemente podría ocurrir en episodios anteriores, es muy difícil seguir dos semanas de debate con tantas personas en una competencia".

Esto genera, añade, "una desafección de la población que de por sí está bastante fastidiada con los actuales políticos". Peña sostiene que el problema no es solo comunicacional sino estructural y la fragmentación impide que el debate cumpla su función de ordenar alternativas.

Ambos expertos coinciden en que los temas urgentes han quedado fuera del centro de la campaña: la criminalidad, el avance de las economías ilegales, el narcotráfico y el posicionamiento internacional del país en un contexto de tensión entre Estados Unidos y China, entre otros.

En paralelo a la crisis política, Perú mantiene una economía que ha mostrado resiliencia en los últimos años, con fundamentos macroeconómicos relativamente sólidos en comparación con otros países de la región.

Además de elegir presidente, los peruanos escogerán un Congreso bicameral tras más de tres décadas, con 130 diputados y 60 senadores. El Senado no podrá ser disuelto y tendrá amplios poderes legislativos. El cambio busca, en teoría, frenar la inestabilidad que llevó al país a tener ocho presidentes en una década.

Pero el diseño institucional genera escepticismo. "Se pensó en un Senado que actúe como contrapeso responsable, como debería ser, pero no necesariamente va a funcionar así", advierte Dargent. "En la práctica, se le está dando más poder a un Congreso que ya ha mostrado una lógica de confrontación con el Ejecutivo", advierte.

La analista Omayra Peña comparte ese diagnóstico de fondo: "No considero que la crisis política vaya a terminar con la elección de nuevas autoridades. El Congreso ha hecho modificaciones cruciales a la Constitución, cambiando el equilibrio de poderes".

Peña alerta, además, que el resultado podría incluso reforzar la concentración de poder legislativo: "El Senado va a concentrar decisiones clave en un espacio más pequeño, lo que puede profundizar dinámicas poco democráticas". Ambos expertos no ven una salida clara a la crisis. Dargent es contundente: "No hay esperanza. Veo más continuidad. O si es que sale elegido alguien que se oponga al Congreso, probablemente veamos más conflicto político".

En este contexto, la analista Peña considera prácticamente asegurado el pase de Keiko Fujimori a la segunda vuelta. La incógnita es quién la acompañará. El voto regional, históricamente decisivo y con un fuerte componente antiestablishment, vuelve a ser clave. Además de la mano dura contra el crimen, que algunos candidatos han tratado de proyectar. En 2021, ese mismo voto permitió el ascenso inesperado de Pedro Castillo. "Siempre hay espacio para una sorpresa", afirma, por su parte, Dargent.

Más allá de los nombres, el escenario refleja un problema estructural: un sistema político fragmentado, con partidos débiles, alta desconfianza ciudadana y un Congreso con creciente poder. En ese contexto, las elecciones de 2026 no solo definirán un nuevo gobierno, sino si Perú es capaz de salir -o no- de un ciclo prolongado de crisis política.

(ms)

Fuente: dw.com