Pimentel (Perú), 3 nov (EFE).- Una inmensa y desértica explanada de 55 hectáreas de tierra, con vistas lejanas al mar, se prepara en Perú para ser el escenario de una multitudinaria misa con alrededor de un millón de asistentes, uno de los principales actos del papa León XIV en su visita apostólica a Perú, país que lo acogió durante más de dos décadas y que le vio ascender desde misionero a obispo.
Se trata de las inertes y polvorientas Pampas de Pimentel, situadas a las afueras del balneario de Pimentel, al que Robert Prevost acostumbraba a escaparse con sus compañeros a comer un ceviche desde Chiclayo, la ciudad en la que fue obispo durante ocho años y que se encuentra a unos 12 kilómetros.
La emoción que siente este pueblo turístico, conocido por su enorme muelle de madera, de que su obispo se convirtiera en papa se materializó pocos meses después del nombramiento, cuando una estatua de tres metros de León XIV se alzó mirando al mar y, desde entonces, vendedores de helados y bañistas pasan a su lado.
La misa en las Pampas de Pimentel será el acto principal del reencuentro de León XIV con su antigua diócesis.
"Para él también es muy grato porque conoce Pimentel, nos conoce, y él viene a encontrarse con sus fieles de toda la vida", indica a EFE Bernardino Gil, desde su parroquia de Nuestra Señora del Carmen, situada también frente al mar, la misma que recibió al papa León XIV "muchísimas veces".
Gil aguarda con mucha expectación la llegada de Prevost junto a sombreros de paja que la parroquia ofrece para soportar el sol que suele golpear con fuerza en esta zona costera.
El sacerdote Jorge Villegas, uno de los organizadores de la visita papal en Chiclayo, señala a EFE que organizar en pocos meses esta misa masiva en una zona tan remota ha sido un reto y un intenso trabajo al tener que limpiar, alisar y acondicionar el área para luego construir el gran altar.
Más de un centenar de trabajadores han doblado turnos y trabajan sin descanso estas últimas semanas para tener lista la enorme estructura de metal que soportará el altar mayor, y los últimos pasos serán la instalación de 15 pantallas gigantes y el sistema de sonido, entre otros.
"También es un reto grande la recepción de los peregrinos, esperamos que vengan muchos no solamente de Perú y de las regiones aledañas, sino también de Ecuador, de Colombia, quizás de Centroamérica", indica desde su parroquia El Señor de los Milagros, ubicada en Chiclayo.
La misa se celebrará a las 10:30 de la mañana (15:30 hora GMT) el 13 de noviembre, pero para evitar aglomeraciones se abrirá el espacio a las 20:00 (1:00 hora GMT) de la noche del día anterior.
El recinto estará organizado en decenas de cuadrantes, habrá 15 puertas de ingreso y contará con horarios de entrada diferenciados para facilitar la llegada de los miles de asistentes.
Además, se han habilitado 20 hectáreas de terreno para aparcar vehículos, pero los feligreses que vayan en su propio coche tendrán que caminar ocho kilómetros hasta las Pampas.
Más de 3.000 efectivos de la Policía Nacional resguardarán la explanada y una flota de 50 autobuses gratuitos apoyará el traslado de adultos mayores y personas con movilidad reducida.
La gran explanada cuenta con ladrillos blancos que separan la superficie en cuadrantes y pequeñas calles donde el papa pasará para saludar a los fieles.
"Antes de empezar la misa él subirá al papamóvil e irá por todas las avenidas dentro de la multitud para poder saludar y agradecer a todos los fieles que estén ahí congregados. Habrá muchísimos fieles que estarán muy lejos del altar central, pero ya con esa presencia de él saludando, bendiciendo y agradeciendo la presencia, pues de alguna manera pueden vivir todos la fiesta", añade Gil.
El sacerdote indica ilusionado que se han mandado a hacer unas 1.000 casullas especiales para sacerdotes, aunque estima que acompañen al papa unos 800 curas, "muchos obispos a nivel nacional" y también cree que vendrán de Ecuador, Colombia y Chile.
Paula Bayarte