Uno de los factores que potencializan el abuso y maltrato infantil es que la gente prefiere no verlos, por ello la pregunta es ¿le vamos a dar la vuelta porque nos incomoda?, plantea Dafna Viniegra, autora del libro "Somos tod@s. Relatos para romper el silencio y hacer de la niñez una casa segura", editado por Aguilar.
En entrevista la también cofundadora de la organización Infancia Libre de Abuso Sexual, recalca que en este tipo de delitos, la responsabilidad social alcanza tanto al agresor como a quienes conocen de los hechos y no denuncian ni intervienen para proteger a las víctimas.
A través de 12 relatos la autora expone una realidad en la que las víctimas son las personas con mayor situación de vulnerabilidad y quienes deberían estar protegidos y en la que lo grave es que vivimos en una sociedad que normaliza ese tipo de violencias.
¿Cuánto tiempo más vamos a seguir como una sociedad permisiva al abuso infantil?, cuestiona.
Es un libro en tinta morada que expone una realidad cruda. Dice su autora que no es un compendio de historias para provocar lástima, sino para llamar la atención sobre el hecho de que no estamos haciendo lo suficiente para pararlas.
¿Qué es lo que encontrará quien abra este libro?
Posiblemente un espejo en donde el lector pueda reconocerse, donde pueda ver cómo muchos de nuestras reacciones del presente en la vida adulta vienen marcadas por dolores, no sanados ni comprendidos de la infancia.
Un espacio para darnos la oportunidad de reconocernos como seres que vivimos situaciones complejas y que, por desgracia, repetimos; seguimos dando nuestro valor, fuerza, fe y nuestra integridad a ese agresor de la infancia.
¿Qué explica que un adulto violente a un menor de edad?
La desigualdad de poder.
Esa necesidad que muchas veces tenemos los adultos de sentirnos con poder. El no comprender que las infancias son y están ahí para nosotros proveerles el mejor espacio en donde puedan crecer.
Este abuso de poder en donde yo soy el grandote y te puedo agarrar a golpes simplemente porque estoy encabronado o yo soy el grande y tengo deseo sexual y, si no hay nadie al lado, pues entonces me voy contigo.
O, yo soy el grande y me voy a vivir mi vida sin importarme que soy padre y que tengo una responsabilidad para contigo.
¿De qué tamaño es el problema en México?
No tengo mucha información en cuanto a abandono y violencia física, pero mi causa es el abuso sexual infantil.
Tengo una asociación (es cofundadora de la organización Infancia Libre de Abuso Sexual) y los números son desgarradores. Oscilamos entre el país número uno o tres, en donde ocurren más casos de este tipo, dependiendo de la fuente de referencia.
Hay un número horriblemente espantoso de 2.6 millones de denuncias de abuso sexual infantil en todo el país por año. Son cinco niños por minuto.
Y esto es solo abuso sexual infantil, que es una agresión un poco más compleja de darse. Imagínate cuántos casos de violencia física ocurren.
Es una conducta que se ha normalizado en la sociedad y en la familia.
Esa es la gravedad del asunto, la normalización a la violencia a las infancias.
Una de las primeras reflexiones que se leen en este libro plantea que en estos casos encarcelar a alguien es llegar ya demasiado tarde. ¿En qué situación estamos en México en cuanto a la acción del Estado ante este tipo de atrocidades?
No me gusta irme por el tinte político, pero estamos fatal.
No existen espacios de denuncia especializados para infancias. Sí hay leyes buenas, pero no se cumplen.
En un juicio de denuncia sobre una violación a un niño, pareciera que se quiere desmentir al niño a toda costa.
Es como si todo el sistema judicial está de parte de los agresores.
En el penal de Puente Grande, Jalisco solamente 1 % de los presos está por abuso sexual infantil, cuando Jalisco es el estado donde más delitos de ese tipo se cometen a escala nacional.
En este libro se plantea que no es suficiente castigar a los agresores de este tipo de delitos. ¿Por qué?
Porque necesitamos reparar el daño ocasionado.
No existen organismos de reparación del daño a la violencia de la infancia. No existen centros en donde los niños que fueron abusados, agredidos, golpeados, abandonados, puedan tomar una terapia.
Por ejemplo, la reparación del daño que determinan en los juicios a niños que sufren abuso, va entre 8,000 y 25,000 pesos.
Eso no te alcanza ni siquiera para un año de terapia. Es absurdo.
Nosotros estamos promoviendo que todos los delitos a las infancias sean tomados como un delito de alto impacto; que tenga realmente penas reales.
¿Sabes por qué en Japón casi no hay abuso sexual infantil? Porque hay pena de muerte, porque tiene consecuencias, porque es agredir a una infancia que no tiene la capacidad de defenderse y porque es con alevosía, ventaja, etc, etc. Todas las agravantes que le quieras poner.
¿Por qué tendría que preocupar este tipo de hechos, incluso a quienes no son agresores y quienes no han sido víctimas directas o indirectas de este tipo de delitos?
Porque es una responsabilidad social cuidar a los que no se pueden cuidar solitos.
Porque todos tenemos infancia cerca; porque tal vez no te pasó a ti, pero tienes posiblemente hijos, hermanos pequeños, sobrinos.
De pronto pareciera, que hay como muchísimo más atención al bienestar animal que a las infancias.
¿Qué tan visible es esto y cuáles son las consecuencias de evitar hablar de estos temas?
Justamente el silencio y el no verlos es una de las cosas que lo potencializan.
Una de las cosas que lo mantiene vivo es que a la gente no le gusta hablar del tema.
Se incomodan, les pica, o les duele, o les refleja.
Mi pregunta es, ¿le vamos a dar la vuelta porque nos incomoda? Pues no. Justamente las cosas que nos incomodan son porque nos reflejan algo en algún punto, no porque lo hayas vivido, sino porque tal vez lo tienes cerca o lo estás viendo y estás guardando silencio.
Porque tanto es agresor el que agrede como el que lo ve, guarda silencio y no hace nada para detenerlo.
Entonces aquí viene esta pregunta, ¿cuánto tiempo más vamos a seguir como una sociedad permisiva al abuso que lo normaliza y que no hace nada en pro de las infancias?
¿Qué implica hablar de prevención?
Implica que los adultos nos hagamos responsables de nuestros propios traumas para no pasarlos a los niños, porque por desgracia muchas veces nuestras propias situaciones de vida son las que ponen en riesgo a las infancias o son en donde descargamos nuestros dolores de infancia no atendidos.
Hablar de prevención implica hacernos responsables de nuestra propia infancia para cortar el patrón y dejar de repetir las violencias.
Implica educar a niñas y niños y adolescentes en la parte emocional, que estén educados en la parte de los valores.
¿Qué no es este libro?
No es un diccionario para dar lástima. No es un compendio de historias que llegan a dar lástima y caer en expresiones de lástima como "ay, pobrecita, pobrecito, qué vida tuvo". No, estas historias vienen a remover las tripas, vienen a incomodar, vienen a generar esa inconformidad personal de saber que estos delitos ocurren todo el tiempo y que están ocurriendo justamente ahorita y que no estamos haciendo nada para pararlas.
El libro contiene un prólogo de Saskia Niño de Rivera Cover, quien plantea que México es un país que le falla a sus niños con un Estado que no los protege y una sociedad que normaliza la violencia bajo la sombra del machismo y la impunidad.