Egipto venció a Australia y es el próximo rival de Argentina en el Mundial, en los octavos de final

2026-07-03 22:00:29 - ARGENTINA

Durante 90 minutos, Mohamed Salah, máximo ídolo de la selección de Egipto, pasó casi inadvertido. Su director técnico, Hossam Hassan, le dio libertad para moverse por donde considerase necesario a lo ancho del frente de ataque, pero el delantero nunca encontró la posición ni el toque idóneos para hacer valer su categoría. Cuando llegó el tiempo adicional, con el 1-1 en el marcador del encuentro frente a Australia, se fue a jugar sobre la derecha, el lugar donde consiguió convertirse en estrella del fútbol europeo, y desde ahí armó dos acciones consecutivas para que los suyos se llevasen el triunfo.

Con un manotazo excepcional ante un cabezazo de Rami Rabia, el arquero Patrick Beach desbarató la primera; con una rodilla, el defensor central Harry Souttar bloqueó un remate de Haissem Hassan en la segunda. El choque de dieciseisavos de final se fue al alargue, pero su rumbo ya había quedado definido.

Sujetado al espíritu ganador del Faraón Salah, Egipto se adueño de la prórroga, hizo el gasto para no llegar a los penales y dispuso de la oportunidad más clara: el atacante que brilló en Liverpool recibió en el área un toque de Omar Marmoush y su derechazo apurado se le fue muy alto, a los 3 minutos de la primera parte. Y fundamentalmente, no falló en la definición desde los 11 metros. Cuatro lanzamientos, todos convertidos, incluido uno del ídolo –quiso ejecutarlo a lo Panenka, y casi pifió, pero como Mathew Ryan fue hacia el palo izquierdo, el balón entró suavemente por el medio–, contrastaron con los disparos desviados por Souttar y Lucas Herrington.

Egipto se clasificó para los octavos de final, al superar por 4 a 2 a Australia en la definición por penales, luego del 1-1 de los 120 minutos. El conjunto africano, ahora, jugará el martes a las 13 con Argentina. Hicieron historia los norteafricanos, que se aseguraron un quinto partido, cuando en sus tres primeros mundiales (Italia 1934, Italia 1990 y Rusia 2018) habían perdido 6 de los 7 encuentros.

Pero antes del muy justificado festejo egipcio y de la emoción que se le escapaba por los ojos a su entrenador, “el Rey” Hossam Hassan, todavía hoy máximo goleador de la selección (le lleva un tanto de ventaja a Salah), transcurrieron 120 minutos que sirvieron para radiografiar a un equipo que presenta bondades y defectos casi en partes iguales.

La primera virtud de Egipto es su pretensión de jugar. Es un plantel armado con la base de los principales clubes de la liga local, Al-Ahly, Zamalek y Pyramids, y eso le da una impronta: esos conjuntos están acostumbrados a salir a dominar y buscar el área ajena todas las semanas, característica que se transmite al combinado nacional. Los dirigidos por Hassan no se esconden atrás ni especulan. Contrariamente, ponen la pelota contra el piso y tratan de hacerla circular con criterio.

Lo intentan con el manejo del defensor central Ramy Rabia y la claridad de Margan Attia, el volante más retrasado, para dirigir el tránsito en el medio; con los defensores laterales Mohamed Hany (autor involuntario del empate australiano al peinar un centro a los 9 minutos de la segunda etapa) y Karim Hafez subiendo permanentemente al ataque; con Emam Ashour moviéndose por la derecha o el centro para aprovechar la pegada de su zurda (aunque al gol que abrió el marcador en la primera parte lo hizo de cabeza), y con el peligro que pueden crear Salah, Marmoush y Mostafá Zico arriba.

Claro que una cosa es la intención y otra muy diferente es la capacidad de concretarla. Es en eso que a los del río Nilo se les humedecen los papeles. Porque el roce internacional indispensable para hacer valer la jerarquía en los momentos clave es patrimonio de muy pocos: el Faraón que se cansó de sacudir redes en Liverpool, Marmoush (actual delantero de Manchester City), más Trezeguet y Haissem Hassan, que no siempre son titulares. Entonces, en todas las líneas se suceden errores que son disimulados ante rivales de técnica limitada, como Australia, pero que pueden ser letales contra oponentes de nivel más alto.

Tuvo problemas Egipto para defender contra los miles de centros lanzados por los Socceroos y para despejar los rebotes que quedaban picando en su área. Les costó hacer valer su indudable superioridad con la pelota en algunos lapsos del partido; a veces por la presión física ejercida por el adversario, y en muchas otras ocasiones por imprecisiones en pases o controles.

Pero sus mayores dificultades se hicieron evidentes a la hora de transformar en ocasiones de peligro los períodos de dominio del juego y al aprovechar las que creó, ya fuera por méritos ajenos o errores propios, como el de Marmoush 30 segundos después de volver del descanso al rematar desviado en un mano a mano con Beach.

Más sólido con la línea de tres defensores centrales que Hassan armó en el último cuarto de los 90 minutos que con el 4-2-3-1 inicial, Egipto se bastó con sus buenas intenciones, la categoría intermitente de Salah y la seguridad en la ejecución de los penales en la tanda para sostener su invicto en el Mundial, quitarse de encima la oposición de una Australia dura pero que tuvo muy pocas gotas de imaginación y llegar adonde nunca había llegado. De la confianza en sus fuerzas y de Argentina dependerá si seguirá estirando su permanencia en un torneo que, en cualquiera de los casos, ya le resultará inolvidable.

Fuente: google.com