Vélez reaccionó en el Monumental y se lo empató a River.

Hoy 21:18-El Millonario lo ganaba cómodo en casa pero el elenco Fortín mejoró en el complemento y empató el encuentro 2 a 2, en el marco de la sexta fecha del Torneo Clausura 2026.
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River volvió a quedar atrapado en sus propias contradicciones. Durante buena parte del partido ante Vélez, el equipo de Eduardo Coudet mostró una versión que hacía tiempo no aparecía: presión alta, recuperación rápida, dominio territorial y una dinámica que le permitió ponerse 2-0 arriba y retirarse al descanso entre aplausos. Pero después volvió a aparecer el River inseguro, aquel que parece necesitar complicarse incluso cuando tiene todo controlado.

El contraste fue tan marcado que resulta difícil explicar cómo el mismo equipo pudo pasar de someter a su rival a terminar pidiendo la hora. River construyó un castillo de arena y terminó derribándolo con sus propias manos. Vélez aprovechó el cambio de escenario, acertó con las modificaciones y encontró espacios ante un adversario que perdió intensidad, se retrasó demasiado y comenzó a jugar condicionado por el miedo a equivocarse.

En ese primer tiempo, Ángel Correa fue el gran responsable de que River alcanzara otra velocidad. Con apenas un mes en el club, el delantero ya consiguió algo que no pudieron lograr varias de las últimas incorporaciones: darle dinámica, intensidad y desequilibrio a un equipo que muchas veces parece jugar sin tensión. Correa fue el punto de referencia de los mejores momentos del Millonario y participó directamente en los dos goles.

El primero llegó después de un pelotazo largo de Martínez Quarta. Correa aprovechó que la defensa de Vélez quedó mal parada, encaró, gambeteó y definió para abrir el marcador. Luego apareció nuevamente con un toque de calidad para dejar a Joaquín Freitas en una posición inmejorable y participar de la jugada del segundo tanto. Mientras estuvo en cancha, River fue otro: se paró más adelante, encontró espacios en el mediocampo y tuvo mayor movilidad con Andrada y Moreno.

El problema apareció cuando el partido empezó a exigirle otra personalidad. River volvió a apagarse. Un error inesperado de Thiago Almada en una salida hacia atrás permitió que Vélez descontara y abrió una grieta que hasta entonces parecía cerrada. A partir de ahí, el equipo perdió confianza, retrocedió metros y comenzó a convivir con una sensación de peligro permanente.

La salida de Correa terminó siendo todavía más significativa. Sin su capacidad para acelerar y romper líneas, y con Rafael Santos Borré intentando fijar a los centrales, River perdió fluidez. El equipo dejó de encontrar pases hacia adelante, se partió y permitió que Vélez creciera. El loop virtuoso se transformó rápidamente en un círculo vicioso.

También hubo responsabilidad del rival. Guillermo acertó con los cambios, especialmente con el ingreso de Valdés, que fue decisivo y dejó abierta la pregunta de por qué no aparece habitualmente desde el inicio. Vélez entendió que River estaba golpeado y fue a buscarlo. El empate llegó como consecuencia de esa lectura y de un conjunto local que no supo reaccionar cuando el partido cambió de escenario.

La imagen más clara de esa transformación apareció en una pelota aérea que Martínez Quarta, después de un primer tiempo muy sólido, terminó perdiendo ante Lanzini, pese a la diferencia de estatura. River había dominado, construido y controlado. Pero cuando sintió que el partido podía escaparse, volvió a quedar preso de sus propios fantasmas.

River todavía no es un equipo confiable. Tiene momentos capaces de ilusionar, jugadores que pueden cambiar un partido y una idea que por momentos funciona. Pero también tiene una fragilidad mental que lo lleva a desarmarse cuando recibe un golpe. Construye con paciencia y puede destruirse en cuestión de minutos. Ante Vélez volvió a hacerlo: levantó un castillo hermoso y terminó derribándolo solo.

23-08-26 Fuente: diariopanorama.com

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