
Vaca Muerta, la embajada de EEUU y la inversión en la Argentina.

CALF es una distribuidora eléctrica con presencia en la Patagonia y en la zona de Vaca Muerta, y también ofrece servicios de fibra óptica y soluciones tecnológicas. En abril pasado, sus directivos viajaron a la sede de Huawei en Shenzhen para evaluar la provisión de infraestructura para un centro de datos y redes inteligentes.
Poco después, según denunció la cooperativa, el agregado comercial de la embajada estadounidense envió advertencias a los directivos sobre posibles restricciones de visas si avanzaban con la negociación con la firma china. En un evento de la cámara de comercio AmCham, Lamelas acusó a Huawei de espiar para el gobierno de Pekín.
El caso llegó al Congreso, donde diputados citaron al embajador para que brinde explicaciones. Sin embargo, la Cancillería argentina y el canciller Pablo Quirno aún no se han pronunciado oficialmente, lo que deja expuesta la dificultad del gobierno para definir una postura.
El trasfondo del conflicto es estratégico. Vaca Muerta concentra una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo, y su desarrollo implica no solo energía, sino también redes eléctricas, comunicaciones y almacenamiento de datos. Para Washington, la participación de empresas chinas en esa infraestructura representa un potencial riesgo de seguridad. Para Pekín, las presiones estadounidenses constituyen una injerencia en asuntos soberanos de un tercer país.
Vista de perforaciones petroleras en Vaca Muerta.
La posición de Lamelas no es aislada. Durante su audiencia de confirmación en el Senado de EEUU, ya había anticipado que recorrería las provincias para limitar la influencia china. La Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 incorporó un "Corolario Trump" que reafirma la Doctrina Monroe para impedir que competidores externos controlen activos vitales en el hemisferio. A diferencia de la versión original de 1823, hoy la amenaza no es militar sino tecnológica, comercial y de infraestructura.
La Argentina se encuentra en una posición incómoda. El gobierno de Javier Milei mantiene su estrecho alineamiento con Washington, con cooperación en energía, defensa y comercio, y excluye a empresas chinas de licitaciones como la de la Hidrovía. Pero al mismo tiempo, mantiene vínculos económicos sustanciales con China, que sigue siendo un socio comercial relevante y un proveedor de financiamiento, como lo demuestra la renovación del swap de monedas por unos 19.000 millones de dólares.
Este dilema se refleja en la falta de una respuesta oficial argentina al episodio de Neuquén. Mientras otros países de la región, como México y Brasil, logran mantener una cooperación con EEUU sin resignar su margen de autonomía —Brasil incluso por su peso económico y sus lazos con los BRICS—, la Argentina profundiza un permanente alineamiento con Washington mientras intenta conservar vínculos con China que no puede reemplazar de inmediato.
El caso Huawei en Vaca Muerta expone así el límite de una política exterior basada principalmente en la afinidad política. Cuando Washington convierte la presencia china en una cuestión de seguridad nacional, Buenos Aires se ve forzado a elegir allí donde antes podía negociar. La intervención estadounidense en la economía argentina no se limita a este episodio: ya ha influido en exclusiones de empresas chinas en obras viales y energéticas, y forma parte de una estrategia hemisférica más amplia para desplazar a Pekín de inversiones estratégicas en la región, desde puertos en Perú hasta el canal de Panamá.
La pregunta que queda abierta es hasta dónde puede llegar ese alineamiento sin que la alianza con Washington termine otorgándole capacidad de veto sobre decisiones soberanas de la Argentina, especialmente en sectores clave para su desarrollo energético y tecnológico.
Fuente: diarionorte.com
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