
El suicidio duplica al homicidio y golpea con fuerza a los jóvenes.

Este fenómeno, históricamente relegado al tabú y la invisibilidad, se ha convertido en una crisis de salud pública que, según especialistas, requiere una respuesta estatal urgente y sostenida.
   "Los suicidios duplican o triplican ampliamente la cantidad de muertes por homicidio", advierte el psiquiatra Demian Rodante, jefe de servicio del Hospital Moyano. Sin embargo, a pesar de la crudeza de los números, el tema sigue sin ocupar un lugar prioritario en la agenda política. Rodante señala una "falta de políticas públicas sostenidas" y un preocupante desfinanciamiento que deja a la población, especialmente a los más jóvenes, en una situación de extrema vulnerabilidad.
Drama juvenil y multicausalidad del sufrimiento
   Los datos epidemiológicos revelan un dato escalofriante: los jóvenes constituyen el grupo etario donde los casos crecen a mayor velocidad. Este incremento es calificado por los expertos como "peligroso y tristísimo", rompiendo con la narrativa social de la "salida por Ezeiza" (emigración) y visibilizando una trágica pérdida de vidas dentro del país.
   El suicidio, explican los especialistas, no responde a una única causa. Es un fenómeno multicausal donde confluyen factores socioeconómicos —como la falta de inversión estatal y la exclusión—, el aislamiento social, los problemas de salud mental individuales y la carencia de herramientas para gestionar las emociones. A esto se suma un factor sistémico crítico: la eliminación o reducción de campañas de prevención y tratamiento, justificada muchas veces bajo la premisa del ajuste fiscal. "No hay plata", se escucha desde el poder político, pero para los profesionales de la salud mental, esa excusa se traduce en vidas perdidas que podrían salvarse.
El suicidio duplica al homicidio y golpea con fuerza a los jóvenesUrgencia de hablar y responsabilidad de los medios
Uno de los mayores obstáculos para la prevención es el tabú. "No hablar del suicidio no hace que desaparezca el problema", enfatiza Rodante. Por el contrario, el silencio perpetúa el estigma y aleja a quienes sufren de la posibilidad de pedir ayuda. La comunicación responsable es, en este contexto, una herramienta clave para salvar vidas.
   Frente a la falta de respuestas estatales robustas, el rol del entorno cercano se vuelve fundamental. Los especialistas instan a prestar atención a las señales de alerta: cambios bruscos de comportamiento, aislamiento extremo, expresiones de desesperanza o referencias directas a la muerte. Ante estos indicios, recomiendan preguntar abiertamente sobre el malestar, escuchar sin juzgar y, sobre todo, desalentar la idea del suicidio como una salida válida.
Redes de apoyo y recursos disponibles
   En situaciones críticas, existe la Línea 135, un recurso gratuito destinado a brindar orientación y acompañamiento en crisis. Sin embargo, los expertos advierten que la atención profesional inmediata es vital, incluso cuando la persona afectada se muestre resistente a recibir ayuda.
Redes de apoyo y recursos disponibles
  El impacto del suicidio trasciende a la víctima y desborda a su entorno. Familias enteras colapsan ante la impotencia y la falta de preparación para manejar estas situaciones, enfrentándose a diario a una ausencia estatal que deja vacíos difíciles de llenar. La problemática exige un cambio de paradigma: pasar de la invisibilización a la acción comunitaria, con políticas que no solo asistan al paciente, sino que sostengan también a quienes lo acompañan en su día a día.
   Mientras la dirigencia política no asuma el problema como una prioridad, la sociedad civil y los medios tienen la responsabilidad de romper el silencio. Hablar del suicidio no es promoverlo es, en realidad, la primera y más poderosa herramienta para prevenirlo. 
 03-07-26 Fuente: diarionorte.com
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